El
sueño de Mikkel Jensen era cubrir el mundial de Brasil. Para capacitarse, el
periodista danés vivió dos años en el país organizador, aprendiendo el idioma y
viviendo el día a día de una sociedad que se vio convulsionada desde el momento
en el que se aprobó la organización del certamen en el país donde la alegría no
tiene fin. Sin embargo, Jensen pareció ver lo que “un gringo no debía ver” y
mandó una carta a la revista brasileña Placar, donde explicaba su decisión de
volver a Dinamarca tras descubrir la violencia que existía en las calles de
Fortaleza y asegurar que las autoridades brasileñas estaban haciendo una
“limpieza” de niños sin hogar. A pesar de no mostrar pruebas para sostener una
acusación de tal tamaño, la publicación del periodista se volvió viral y desató
una catarata de opiniones al respecto en los medios. La respuesta de las
autoridades brasileñas no se hizo esperar. En su página de Facebook, el
secretario de turismo, Bismarck Maia, acusó de “criminal” al danés, además de
afirmar que las declaraciones del periodista extranjero eran irrazonables y
obedecían a “intereses oscuros”. Igualmente, ésta no fue la primera referencia
negativa sobre la organización del mundial y el agitado contexto político y
social que se vive en Brasil. En la espera por el comienzo del torneo, varios
diarios a lo largo del mundo se hicieron eco de deficiencias en las construcciones
o remodelaciones de diferentes estadios. A lo largo de los días se hicieron
comunes las noticias sobre demoras y accidentes en las obras, que se cobraron
siete vidas. Para intentar suavizar la ola de críticas hacia la logística y la
preparación del certamen mundialista, la leyenda del fútbol brasileño Pelé hizo
declaraciones que no hicieron más que alborotar el ambiente, como que las
muertes de los operarios son “cosas de la vida, nada que asuste”.
Durante
la Copa Confederaciones de 2013, las manifestaciones previas a los partidos
fueron las protagonistas del certamen, también celebrado en Brasil. Los mismos
manifestantes aseguraron que repetirían su accionar durante el Mundial, ya que
según su visión no era lógico albergar competiciones tan importantes mientras
hay problemas sociales más urgentes para tratar, como la pobreza y la creciente
violencia en las favelas.
Pero un evento de características mundiales
también puede ser utilizado para intentar dar otra perspectiva del país.
La
presidente Dilma Rousseff argumentó que alojar el torneo más importante del
mundo demostrará que “Brasil es un país preparado para recibir al mundial de
fútbol”. La primera mandataria también
explicó que el certamen servirá como una cruzada contra el racismo, haciendo referencia
al incidente que sufrió el brasileño Dani Alves, jugador del Barcelona, en un
partido de su equipo contra el Villarreal, cuando le tiraron una banana de la tribuna,
tratándolo de “macaco”; y que la copa le dejará grandes cantidades de dinero al
estado y la población.
Estas
irrupciones de Rousseff también tienen que ver con el año electoral que vive el
país. En otro intento de propaganda positiva para el torneo mundialista, la
presidente invitó al papa Francisco.
El intento de aprovechar el deporte y las
nuevas obras para ganar votos y conseguir la reelección parece haberle salido
al revés al gobierno brasileño, que se vio fuertemente cuestionado por los
problemas que tiene un mundial que todavía ni empezó.
Todo
forma parte de un conjunto de nociones positivas y negativas que intentan
instalar los medios, casi siempre sobredimensionando hechos reales. En
referencia a los supuestos operativos de limpieza de las calles denunciados por
Jensen, la brasileña Verônica López, especialista en marketing político e
integrante de la consultora AboutPeople, explica que si bien es algo tan
grotesco que es difícil de imaginar, “no dudo que exista alguna operación de
limpieza en las calles, no necesariamente involucrando asesinatos, pero sí
algún desplazamiento de personas”, afirma, “sé que los medios en general, acá,
tienen muchas ganas de publicar cosas así. Año de elecciones, medios de
oposición...Estaría bueno que ese periodista siguiera investigando y que
tuviera cuidado para no convertirse en títere del juego político”.
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