sábado, 7 de junio de 2014

Propaganda não tem fim

El sueño de Mikkel Jensen era cubrir el mundial de Brasil. Para capacitarse, el periodista danés vivió dos años en el país organizador, aprendiendo el idioma y viviendo el día a día de una sociedad que se vio convulsionada desde el momento en el que se aprobó la organización del certamen en el país donde la alegría no tiene fin. Sin embargo, Jensen pareció ver lo que “un gringo no debía ver” y mandó una carta a la revista brasileña Placar, donde explicaba su decisión de volver a Dinamarca tras descubrir la violencia que existía en las calles de Fortaleza y asegurar que las autoridades brasileñas estaban haciendo una “limpieza” de niños sin hogar. A pesar de no mostrar pruebas para sostener una acusación de tal tamaño, la publicación del periodista se volvió viral y desató una catarata de opiniones al respecto en los medios. La respuesta de las autoridades brasileñas no se hizo esperar. En su página de Facebook, el secretario de turismo, Bismarck Maia, acusó de “criminal” al danés, además de afirmar que las declaraciones del periodista extranjero eran irrazonables y obedecían a “intereses oscuros”. Igualmente, ésta no fue la primera referencia negativa sobre la organización del mundial y el agitado contexto político y social que se vive en Brasil. En la espera por el comienzo del torneo, varios diarios a lo largo del mundo se hicieron eco de deficiencias en las construcciones o remodelaciones de diferentes estadios. A lo largo de los días se hicieron comunes las noticias sobre demoras y accidentes en las obras, que se cobraron siete vidas. Para intentar suavizar la ola de críticas hacia la logística y la preparación del certamen mundialista, la leyenda del fútbol brasileño Pelé hizo declaraciones que no hicieron más que alborotar el ambiente, como que las muertes de los operarios son “cosas de la vida, nada que asuste”.
Durante la Copa Confederaciones de 2013, las manifestaciones previas a los partidos fueron las protagonistas del certamen, también celebrado en Brasil. Los mismos manifestantes aseguraron que repetirían su accionar durante el Mundial, ya que según su visión no era lógico albergar competiciones tan importantes mientras hay problemas sociales más urgentes para tratar, como la pobreza y la creciente violencia en las favelas.
 Pero un evento de características mundiales también puede ser utilizado para intentar dar otra perspectiva del país.
La presidente Dilma Rousseff argumentó que alojar el torneo más importante del mundo demostrará que “Brasil es un país preparado para recibir al mundial de fútbol”.  La primera mandataria también explicó que el certamen servirá como una cruzada contra el racismo, haciendo referencia al incidente que sufrió el brasileño Dani Alves, jugador del Barcelona, en un partido de su equipo contra el Villarreal, cuando le tiraron una banana de la tribuna, tratándolo de “macaco”; y que la copa le dejará grandes cantidades de dinero al estado y la población.
Estas irrupciones de Rousseff también tienen que ver con el año electoral que vive el país. En otro intento de propaganda positiva para el torneo mundialista, la presidente invitó al papa Francisco.
 El intento de aprovechar el deporte y las nuevas obras para ganar votos y conseguir la reelección parece haberle salido al revés al gobierno brasileño, que se vio fuertemente cuestionado por los problemas que tiene un mundial que todavía ni empezó.

Todo forma parte de un conjunto de nociones positivas y negativas que intentan instalar los medios, casi siempre sobredimensionando hechos reales. En referencia a los supuestos operativos de limpieza de las calles denunciados por Jensen, la brasileña Verônica López, especialista en marketing político e integrante de la consultora AboutPeople, explica que si bien es algo tan grotesco que es difícil de imaginar, “no dudo que exista alguna operación de limpieza en las calles, no necesariamente involucrando asesinatos, pero sí algún desplazamiento de personas”, afirma, “sé que los medios en general, acá, tienen muchas ganas de publicar cosas así. Año de elecciones, medios de oposición...Estaría bueno que ese periodista siguiera investigando y que tuviera cuidado para no convertirse en títere del juego político”.


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