miércoles, 26 de noviembre de 2014

Todo Pasa

“Todo pasa” es la frase de cabecera de muchas personas. No están equivocadas porque es completamente cierta, no hay forma de volver atrás una vez que algo sucedió, y la única forma de intentar revertirlo es accionando sobre lo que fue porque, efectivamente, ya pasó.

La vida es una constante de prueba y error. Por más que en toda ella encontremos personas que intenten transmitirnos enseñanzas y nos aconsejen, cada uno pasa por ella como puede, como le sale, como mejor le parece.

Errar es más humano que acertar. Por eso, no es lo importante. Lo importante es cambiarlo porque uno llega a darse cuenta de las cosas cuando ya pasaron, y no cuando están pasando o antes de que ocurran.

“Todo Pasa” y nosotros también pasamos como seres humanos. Depende de uno querer dejar algo o no para que su paso influya en el resto de las personas, con las que compartimos el mundo y las únicas capaces de ayudarnos a modificar eso que ya pasó y que nos dimos cuenta que valía la pena.

No hay una forma ni un esquema ni un manual a seguir sobre que debemos hacer para ser buenas o malas personas en nuestro camino. Uno aprende todo el tiempo y de todos, y construye y rompe con diferentes cuestiones con el paso de los años.

A veces se arrepiente. Otras no. A veces las decisiones de otro influyen directamente sobre uno, y es uno el que tiene que abordar la nueva situación, en la que nunca se hubiera imaginado estar involucrado.

Nuevamente no hay fórmulas, es como te salga, como lo consideres, como lo sientas. Muchos van a intentar ayudarte, porque a la gente solo la ayuda la gente, y van a apoyarte para que tus metas se cumplan.

Las buenas intenciones de los demás para con uno derivan de lo que uno cosechó para con ellos anteriormente. Quizás, nunca pensamos en que hacemos por el otro ni como lo hacemos, pero lo hacemos porque lo queremos, y, sin darnos cuenta, seguimos construyendo sin que nadie nos haya dicho que teníamos qué construir ni cómo.

Así como también, en muchas otras ocasiones, destratamos a otras personas, a las que creemos más importantes pero como las vemos tan cercanas y como algo inamovible las descuidamos. Y ese es el peor error. Porque uno puede ser el mejor estudiante, el mejor trabajador, el mejor amigo y el mejor compañero, pero no puede olvidarse de quienes lo aman y estuvieron siempre.

“Todo pasa”  lo que se considera negativo y lo que se considera positivo. A veces pasa en el peor momento, cuando uno menos se lo espera, y a veces en el mejor, cuando ya es premeditado y uno se lo ve venir.

Lo importante es seguir adelante. Reflexionar y aprender. Y no pensar que todo está perdido porque eso es de cobardes y, como dice Mauro: “El mundo es para valientes”. Tal vez no es hoy, no es mañana ni pasado, pero será porque tiene que ser y porque uno va a luchar por eso que tanto quiere. Igualmente, mientras luche, también tiene que seguir su camino, porque lo positivo saldrá del fracaso y no del éxito, como dijo alguna vez Marcelo Bielsa:

"Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes”.





Chau. Buen viaje. Suerte. Te dejo esto: 


lunes, 29 de septiembre de 2014

El Superclásico de ambos

(Foto:Infobae)
Rodolfo Arruabarrena y Marcelo Gallardo, los entrenadores de Boca y River respectivamente, son debutantes en el clásico más grande del fútbol local en su nuevo cargo. 

Ambos construyeron sus carreras como futbolistas en el club que los tiene hoy como directores técnicos. Supieron ganar y perder, tuvieron buenas y malas. Los dos, hijos pródigos de los más grandes de la Argentina, salieron al mundo a garantizarse un futuro económico y se transformaron en ídolos en otras instituciones. 

Ambos debutaron en 1993 y compartieron el selectivo que fue campeón de la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995. Uno, el de Boca, se destacaba por la garra, por la entrega y el corazón; el otro, el de River, era figura por su calidad y su visión del juego. 

Ambos ganaron, como jugadores, una Copa Libertadores. Gallardo en 1996 y Arruabarrena en el 2000. 

Ambos desertaron de sus clubes para volver a ellos rápidamente, quizás porque adaptarse a donde uno no es parte es difícil y volver ayuda a juntar fuerzas para emigrar. El Muñeco partió rumbo a Francia en 1999 pero volvió al Millonario en 2003, mientras que el Vasco estuvo una temporada en Rosario Central, en 1997, para regresar a Boca en 1998.

Ambos se consagraron en Europa. El DT del puntero obtuvo tres títulos en cuatro temporadas con el Mónaco, mientras que el otro consiguió dos en siete años en el Villarreal español.

Ambos hicieron un paso en el país previo a su retiro. Gallardo completó su tercera aparición en su actual club, y Arruabarrena desembarcó en Tigre. 

Ambos finalizaron su carrera como jugadores en el exterior en la temporada 2010/11. El Muñeco en Nacional de Uruguay, donde realizó su primera experiencia como entrenador, por su parte el Vasco lo hizo en Universidad Católica de Chile para regresar a Tigre como DT en la temporada siguiente. 

Ambos tuvieron su paso, como entrenadores, por uno de los dos equipos más grandes de Uruguay: Nacional. Y aquí, es donde la diferencia de ellos, que pese a estar en veredas opuestas se encuentran en varios puntos en sus carreras, se hace notar: Gallardo dirigió cuatro clásicos frente a Peñarol, dos oficiales y dos amistoso, triunfó en los dos por los puntos (2 - 1 en el Apertura y 3 - 2 en el Clausura) y obtuvo una victoria (1 - 0 )  y un empate (1 - 1) en los amistosos. Contraria es la situación de Arruabarrena, quien dirigió dos partidos oficiales frente al clásico y los perdió (3-0 en el Apertura y 3 - 2 en el Clausura). 

Ambos se enfrentarán el domingo, desde las 17.15 en el Estadio Monumental, para comenzar a moldear su racha en el Superclásico argentino.

domingo, 24 de agosto de 2014

Él, que lo sabe todo


Sigiloso. Casi en puntas de pie. Así se mueve por el césped el que todos admiran y aman dentro y fuera del vestuario. Es tan inteligente que, para quien lo mira, pareciera que no corre, sino que trota y camina por la cancha. En parte, es cierto. Dicen que cuando se es rápido de mente, la velocidad del cuerpo es sólo complementaria y, en mayor medida, secundaria. Yo estoy seguro de que es así.

Y si en una misma oración se pronuncian las palabras “inteligencia” y “fútbol”, es casi imposible no pensar en él. Los flashes se los llevarán otros, sí. Sobretodo el 10, que es amigo suyo y que parece ser de otro planeta. Pero el 10, que es quién mejor juega a este hermoso deporte en el globo terráqueo, le es agradecido. Porque a veces es él quien, con sus pases precisos y sus envíos por entre mil piernas rivales, deja al mejor de cara a un arquero que apenas puede creer lo que está viendo.

Maneja los hilos de los diez hombres a su alrededor que tienen su misma camiseta, la que lo vio nacer. Esos hombres lo obedecen, lo buscan. Saben que él decide cuándo y por dónde. Si es por izquierda o por derecha. Si es ahora o aún falta abrir algún hueco. Comanda. Dirige la orquesta que mejor sonó en los últimos años. Para esto, tiene un socio ideal. Lo más cercano a la perfección, si de fútbol se trata, debe ser verlos a ellos dos juntos en un campo y con una pelota. Porque se complementan. Se entienden. Se alimentan uno del otro. Hasta algún loco, que se paró a aplaudir en pleno estadio viéndolos hacer paredes en el medio, llegó a gritar: “Estos tipos son la misma persona dividida en dos”.

Yo no creo que sean la misma persona. Sí que nacieron para compartir todo. Desde prácticas y concentraciones hasta las máximas glorias que consiguieron. Los dos máximos torneos a los que un futbolista aspira desde que empieza a tener noción de que en el fútbol hay torneos, son la Champions League y el Mundial con la Selección de su país. Estos dos monstruos de la bocha los obtuvieron. Estos dos seres bajitos demostraron, en su club, con la ayuda del 10 y de otro grupo reducido de gente, que ganar jugando lindo es mejor, incluso, que ganar. Y en su Selección dieron otra muestra de que es posible, incluso, sin el 10, aunque cueste llevar tanta diferencia al marcador.

Hoy en día, ya tiene muchos kilómetros recorridos a lo largo de todas las canchas del mundo. Algunos insinúan que ya es hora de juntar sus cosas e ir a descansar a la liga de los Emiratos Árabes, como está de moda en estos días. Que ya no está para la máxima competencia y que en el Mundial de Brasil no debió haber sido titular. Mi opinión es que él sabe mejor que nadie cuándo será el momento de frenar. Ojalá que no sea nunca. Porque hizo disfrutar a miles en todo el mundo. Pero a todo le llega su final. Hasta al mismísimo Zidane le llegó el momento de dejar los verdes céspedes alguna vez. Por ahora, él optó por seguir en su casa.

Lo mejor que escuché sobre él fue hace dos meses en un bar de Balvanera, cuando España quedó eliminada del Mundial. Cuando la típica arrogancia del argentino, que, por supuesto, sabe más que todos los técnicos y jugadores del universo, reinaba en el lugar y se escuchaban barbaridades como que el entrenador estaba viejo y que él cumplió su ciclo, un hombre se paró y pidió hablar. Con voz baja, nos contó a todos los que lo escuchábamos que en un momento de cambios en su vida, había dejado de mirar fútbol porque no lo llenaba ningún equipo. Fue entonces cuando, sumergido en la tristeza de extrañar al fútbol como un adolescente extraña a su primera novia, el Barcelona le devolvió la esperanza. Como nadie habló, el hombre prosiguió. Nos confesó a todos que Messi, en su opinión, jugaba a otro deporte inventado por él mismo, en el que se mezclan el fútbol y el atletismo, donde se lleva la pelota a máxima velocidad. Que a Iniesta el apodo de “Cerebro” le quedaba chico, y que podía dar cátedras de arte en todos los estadios del mundo. Y, finalmente, nos dijo que su mujer estaba embarazada de un varón, al que iban a ponerle Javier Hernán. Para que le digan Javi. Que, en Argentina, es lo más parecido a Xavi. Javi Hernán. Xavi Hernández.