Esa
noche de 1992, tras observar por un largo tiempo los edificios de Tokio, John
Frusciante tomó una decisión. Nada de lo que sus compañeros le dijeran iba a
hacerlo recapacitar. El éxito del flamante nuevo disco de su banda, los Red Hot
Chilli Peppers, había llegado demasiado lejos. Quizás la noche japonesa había
terminado de convencerlo. Porque era algo que sentía desde que la gira había
comenzado. Desde el primer vuelo tomado y la ola de fans sufrida en cada
aterrizaje, John sabía que no podría soportarlo. Tan sólo tenía 22 años, y
disfrutaba de tocar en clubs con su moderadamente conocida banda. Definitivamente,
la gira mundial lo iba a enloquecer. Es por eso que esa noche japonesa de mayo,
Frusciante le avisó a sus compañeros que se rendía. Que abandonaba el grupo y
que ni siquiera saldría a tocar en el show que estaba a punto de comenzar.
Finalmente, accedió de mala gana a dar una última actuación. Al día siguiente,
John tomó un vuelo a California y comenzó a transitar los años más auto
destructivos de su vida.
La
llegada de Frusciante a los Red Hot Chilli Peppers había sido como un sueño
para el chico que en ese entonces tenía 18 años. Claro, que tu banda preferida
te reclute como nuevo guitarrista no es algo común. Cuando RHCP eran la
sensación en los bares y clubes californianos, Frusciante los veía desde abajo
del escenario. Por esas cosas de la vida, John, gracias a un amigo en común,
tuvo la oportunidad de improvisar con Flea, bajista de los Peppers, quien quedó
entusiasmado por la conexión que habían logrado. A pesar de su corta edad,
Frusciante no estaba ajeno a las drogas o excesos. En sus mismas palabras, se
dio cuenta que “quería ser una estrella del rock, tomar drogas y estar con
chicas”. Es por eso que, cuando Flea le ofreció ser parte del grupo, el
guitarrista no dudó y tampoco sospechó el éxito que conseguiría RHCP con su
llegada.
Cuatro años
después, John había pasado del anonimato a la fama, de tocar para un puñado de
fanáticos a lanzar un disco con más de siete millones de copias vendidas, y
sólo en los Estados Unidos. También había pasado de ser un joven levemente
adicto a depender totalmente de la heroína, que lo mantenía, según relató el
diario New Times de esa época, como “un despojo humano y un esqueleto cubierto
de piel”.
La vida de rockstar
que Frusciante tanto añoraba le había fundido el alma y hasta lo había alejado
de lo que más amaba. John volvió de Tokio fuertemente deprimido, con la certeza
de que no sabía ni debía tocar más.
Su condición de
drogadicto lo estaba matando lentamente. Su apartamento era una masa uniforme
de jeringas y guitarras, con vinilos y cds tirados en el suelo. Cuando pudo
sobrellevar su angustia, comenzó a grabar de nuevo y lanzó sus primeros álbumes
solistas. Pero a pesar de que la música comenzaba a renacer, su cuerpo estaba
diciendo basta.
Un día de
1998, las lágrimas invadieron el rostro de Frusciante. Sonrió, mostrando la
dentadura postiza que le habían tenido que poner meses antes en rehabilitación,
por una potencialmente letal infección bucal. La luz entraba en el
departamento, que lucía más místico y ordenado, en parte por Emily, su novia.
Enfrente estaba Flea, quien había ido a la casa del guitarrista para ofrecerle
reintegrarse al grupo. Su reinserción en la sociedad estaría completa si volvía
a tocar con sus amigos. Tras quedar limpio de drogas, John renació y comenzó a
seguir creencias más espirituales. Ese día, tras escuchar la propuesta, no pudo
mantener la calma oriental y balbuceó algo así como que nada lo haría más feliz
en el mundo. Con la nueva energía de John, fueron los Chilli Peppers los que
renacieron y terminaron de colmar las expectativas creadas años antes. Fueron
días de grabaciones e interminables giras mundiales. Nada de esto molestó al
nuevo Frusciante. Tras su regreso, lanzó tres discos más con RHCP.
En esos años
comenzó a hacer florecer la semilla de su carrera solista, aquella que había
comenzado en la oscuridad de su departamento. Empezó a lanzar material y a
juntarse a experimentar con otros colegas. Cada día, cada hora, cada segundo,
John tenía su cabeza ocupada en la música.
En 2008, 16
años después de su traumática huida de la banda, RHCP anunció que John dejaba
el grupo nuevamente. Curiosamente, las razones pueden ser parecidas pero
diferentes. En su primer éxodo, Frusciante quiso refugiarse en sí mismo para
alejarse del resto, y lo que consiguió fue grabar sus primeros discos. En esta
segunda ida, John manifestó que planea prestarle total atención a su carrera
solista, sin contar algunas colaboraciones con otros artistas, como su amigo
Omar Rodríguez López. Nuevamente prosigue su búsqueda. Porque esa noche en
Tokio parecía que todo había terminado. Pero quizás fue donde todo comenzó.









