jueves, 26 de junio de 2014

Las idas y vueltas de John Frusciante

Esa noche de 1992, tras observar por un largo tiempo los edificios de Tokio, John Frusciante tomó una decisión. Nada de lo que sus compañeros le dijeran iba a hacerlo recapacitar. El éxito del flamante nuevo disco de su banda, los Red Hot Chilli Peppers, había llegado demasiado lejos. Quizás la noche japonesa había terminado de convencerlo. Porque era algo que sentía desde que la gira había comenzado. Desde el primer vuelo tomado y la ola de fans sufrida en cada aterrizaje, John sabía que no podría soportarlo. Tan sólo tenía 22 años, y disfrutaba de tocar en clubs con su moderadamente conocida banda. Definitivamente, la gira mundial lo iba a enloquecer. Es por eso que esa noche japonesa de mayo, Frusciante le avisó a sus compañeros que se rendía. Que abandonaba el grupo y que ni siquiera saldría a tocar en el show que estaba a punto de comenzar. Finalmente, accedió de mala gana a dar una última actuación. Al día siguiente, John tomó un vuelo a California y comenzó a transitar los años más auto destructivos de su vida.
La llegada de Frusciante a los Red Hot Chilli Peppers había sido como un sueño para el chico que en ese entonces tenía 18 años. Claro, que tu banda preferida te reclute como nuevo guitarrista no es algo común. Cuando RHCP eran la sensación en los bares y clubes californianos, Frusciante los veía desde abajo del escenario. Por esas cosas de la vida, John, gracias a un amigo en común, tuvo la oportunidad de improvisar con Flea, bajista de los Peppers, quien quedó entusiasmado por la conexión que habían logrado. A pesar de su corta edad, Frusciante no estaba ajeno a las drogas o excesos. En sus mismas palabras, se dio cuenta que “quería ser una estrella del rock, tomar drogas y estar con chicas”. Es por eso que, cuando Flea le ofreció ser parte del grupo, el guitarrista no dudó y tampoco sospechó el éxito que conseguiría RHCP con su llegada.
Cuatro años después, John había pasado del anonimato a la fama, de tocar para un puñado de fanáticos a lanzar un disco con más de siete millones de copias vendidas, y sólo en los Estados Unidos. También había pasado de ser un joven levemente adicto a depender totalmente de la heroína, que lo mantenía, según relató el diario New Times de esa época, como “un despojo humano y un esqueleto cubierto de piel”.
La vida de rockstar que Frusciante tanto añoraba le había fundido el alma y hasta lo había alejado de lo que más amaba. John volvió de Tokio fuertemente deprimido, con la certeza de que no sabía ni debía tocar más.
Su condición de drogadicto lo estaba matando lentamente. Su apartamento era una masa uniforme de jeringas y guitarras, con vinilos y cds tirados en el suelo. Cuando pudo sobrellevar su angustia, comenzó a grabar de nuevo y lanzó sus primeros álbumes solistas. Pero a pesar de que la música comenzaba a renacer, su cuerpo estaba diciendo basta.

Un día de 1998, las lágrimas invadieron el rostro de Frusciante. Sonrió, mostrando la dentadura postiza que le habían tenido que poner meses antes en rehabilitación, por una potencialmente letal infección bucal. La luz entraba en el departamento, que lucía más místico y ordenado, en parte por Emily, su novia. Enfrente estaba Flea, quien había ido a la casa del guitarrista para ofrecerle reintegrarse al grupo. Su reinserción en la sociedad estaría completa si volvía a tocar con sus amigos. Tras quedar limpio de drogas, John renació y comenzó a seguir creencias más espirituales. Ese día, tras escuchar la propuesta, no pudo mantener la calma oriental y balbuceó algo así como que nada lo haría más feliz en el mundo. Con la nueva energía de John, fueron los Chilli Peppers los que renacieron y terminaron de colmar las expectativas creadas años antes. Fueron días de grabaciones e interminables giras mundiales. Nada de esto molestó al nuevo Frusciante. Tras su regreso, lanzó tres discos más con RHCP.
En esos años comenzó a hacer florecer la semilla de su carrera solista, aquella que había comenzado en la oscuridad de su departamento. Empezó a lanzar material y a juntarse a experimentar con otros colegas. Cada día, cada hora, cada segundo, John tenía su cabeza ocupada en la música.

En 2008, 16 años después de su traumática huida de la banda, RHCP anunció que John dejaba el grupo nuevamente. Curiosamente, las razones pueden ser parecidas pero diferentes. En su primer éxodo, Frusciante quiso refugiarse en sí mismo para alejarse del resto, y lo que consiguió fue grabar sus primeros discos. En esta segunda ida, John manifestó que planea prestarle total atención a su carrera solista, sin contar algunas colaboraciones con otros artistas, como su amigo Omar Rodríguez López. Nuevamente prosigue su búsqueda. Porque esa noche en Tokio parecía que todo había terminado. Pero quizás fue donde todo comenzó.

lunes, 23 de junio de 2014

Los opinólogos

La vida pone al hombre en una sociedad que debe aceptar. Las personas se adaptan a ella de diferentes maneras, según la personalidad de cada uno. No hay una forma correcta o incorrecta de ser parte ni nadie que pueda juzgar lo que uno u otro hace.
El mundo, del que forma parte la sociedad, está globalizado y es altamente consumista. Todos forman parte de todo y se puede estar en cualquier lugar o evento con solo un click. 
Esta globalización adquiere un único eje una vez cada cuatro años. Ese eje es el fútbol, la Copa del Mundo. Millones de seres humanos, a los que les gusta este deporte o no, predisponen su tiempo para escuchar o ver partidos que poco o nada le interesan. Es posible encontrar niños argentinos que en el recreo hablan con sus compañeritos de Rusia - Bélgica o de Corea del Sur - Argelia.
La sociedad impone que se debe ver el Mundial, por eso todos, o la gran mayoría de las personas, disponen su tiempo para hacerlo. No entender de que se trata el juego, porqué unas selecciones son más defensivas que ofensivas o como llegan los jugadores a la cita, son factores que pueden llevar a muchos a opinar sin saber o teniendo información errónea, y de eso estoy completamente en contra.
Escuchar a una abuela decir que Messi no tiene ganas de jugar porque corre poco o que Argentina no tiene hambre porque no le hizo 20 goles a Irán por su superioridad en base a los nombres individuales, sin comprender que los iraníes no pasaron la mitad de cancha y defendían con una línea de cinco y otra de cuatro compacta, es un ejemplo concreto de esta opinología a la que no le puedo encontrar su lado positivo. 
Amas de casa que tienen el tupé de decir que el 10 argentino está enojado con Sabella y por eso no se mete en el juego, cuando no saben porqué se cobra o no offside. Personas que tienen la inmensa impunidad de decirle fracasado a un tipo que está jugando un Mundial, es decir que es uno de los 23 mejores jugadores del país, mientras ellos comen papas fritas y lo miran por televisión. 
Sumado a lo que uno puede escuchar ahora, gracias a la globalización y a las tan útiles redes sociales (que en este caso se convierten en el mejor aliado de los opinólogos), se pueden leer un montón de barbaridades y de errores respecto al tema, que no reparan ni siquiera en corroborar el nombre del mejor jugador del mundo ni el equipo en el que juega. Así encontramos tuits que dicen: "Vamos Messi dale alegría a toda Argentina y juega como lo haces en el Real Madrid", " Gabriel Messi es el mejor" o " ¡Qué bien jugaron Higuaín y Pipita!".
No soy quien para juzgar ni me considero un erudito en el mundo del fútbol pero desde este pequeño espacio pido que por favor antes de hablar se informen, comprendan o intenten hacerlo y si no lo logran, no opinen. 

domingo, 22 de junio de 2014

Jack White, el guitar hero atemporal

En medio de un desgarrador solo, el guitarrista se contorsiona y, como poseído, se tira contra los amplificadores. Así y todo sigue tocando desde el suelo. El público explota. Segundos más tarde, el hombre de melena negra se levanta, algo agotado, y sigue partiéndose el alma un poco más con la continuación de la canción. La escena ocurrió en el festival Bonnaroo de 2008.  El hombre es Jack White, probablemente la estrella de rock que más se parece a una estrella de rock en este nuevo siglo.
Más allá de la cuestión más estética (look rebelde y movimientos constantes sobre el escenario), White vuelve a las raíces de la música y demuestra que aún se puede conseguir un artista fiel al sonido y método vintage.
En 1997, Jack creó, junto a su por entonces reciente esposa Meg, The White Stripes, dúo de garage rock donde el nacido en Detroit pudo plasmar sus ideales. El grupo comenzó a hacerse conocido por un fresco sonido que recordaba a los inicios del punk americano. Pero además, los Stripes grababan usando equipos de los años setenta. Desde siempre, White se declaró como fan de lograr un sonido real con sus propias manos. Como llevando esto al límite, en la película It Might Get Loud construye una rudimentaria guitarra en pocos segundos. 
Otra de sus cruzadas a favor del sonido auténtico consiste en la reivindicación del vinilo. Desde el cuartel general en Nashville de su discográfica Third Man Records, Jack promueve el uso de los vinilos, no solo desde la teoría sino también desde la práctica: allí construyó una planta que manufactura vinilos al mismo tiempo que graba a invitados como Neil Young o Beck en presentaciones en vivo o sesiones de estudio. De más está decir que el material de todas las bandas de White está disponible en ese soporte.
Me gusta retroceder el reloj, por eso en los conciertos se prohíbe tomar fotografías o video; las cosas reales, el contacto directo, el escuchar sin estar preocupándote por tomar la foto o el video, ese es el romance y la belleza de cada concierto.” Con su discográfica intenta reeditar y poner nuevamente en las bateas de las disquerías a discos y recopilaciones de comienzos del siglo pasado como Blind Willie McTell.
 A pesar de que mantiene firme la postura de mantener la tecnología fuera de la música, White no tiene problemas en experimentar con diferentes bandas y estilos. Siempre, claro está, respetando sus formas. Fue así que llegó a ser parte de tres conjuntos simultáneamente, sumado a sus permanentes colaboraciones con reconocidos artistas.
En The Raconteurs, la propuesta fue un rock más tranquilo, con tintes de folk y un matiz levemente pop. Con The Dead Weather, intentó algo diametralmente opuesto. Con Jack en la batería y el apoyo creativo de la cantante Alisson Mosshart, el grupo se transformó, incluso desde la estética, en el proyecto más oscuro de White, ejecutando un rock casi gótico, con pizcas experimentales y bluseras.
Y nadie sabe adónde se dirige. Mientras planea un nuevo disco con The Dead Weather, Jack comienza su carrera solista con dos álbumes que poco tienen que ver con sus bandas. En ambos títulos, White juega con el folk y la música country de la que tantas veces se mostró fanático, además de mostrar algunos riffs rabiosos de los que sí estamos acostumbrados por sus anteriores trabajos.

Pero, más allá de sus futuros emprendimientos, hoy por hoy lo que cabe destacar es la presencia de un artista de talla mundial que parece no renunciar a las ideas con las que empezó en el negocio hace ya 17 años. Y hay que agradecer que White cambió de idea en su infancia, cuando se había anotado en un seminario para convertirse en sacerdote. ¿La razón? Pensó que no lo dejarían llevar a la iglesia el nuevo amplificador que había comprado.

lunes, 16 de junio de 2014

Por favor no, Tim

Sonó la chicharra. Todo terminó, 104 - 87. Los Spurs campeones. Comienzan los festejos, los saludos, los abrazos,el desahogo. Él lo vive de forma especial, saluda a LeBron James como un caballero. Se miran con Gregg Popovich, entrenador de San Antonio desde 1996, quien lo sacó a falta de dos minutos para que el público lo ovacione. Sonríen, lo lograron. Otra vez, los dos juntos. Le dieron el quinto anillo a la franquicia.

Él es Tim Duncan, el nacido en Islas Virgenes de 38 años, quien llegó hace 17 a la NBA y desembarcó en San Antonio. El amor fue mutuo, desde el primer momento. El jóven Timmy D arribó como número uno del Draft de 1997, luego de destacarse en la liga universitaria de Estados Unidos (NCAA).  Nunca más se separaron y la relación no supo como desgastarse.

Tres veces MVP de las finales, 1999, 2003 y 2005, y dos MVP de la temporada, 2002 y 2003. Integrante del trío más ganador de Playoffs de la NBA y el segundo más ganador de la historia, junto a Emanuel Ginóbili y Tony Parker, y ganador de la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 con la selección de Estados Unidos. Duncan, con el 21 en la espalda, ya había pasado a la historia antes de su quinto título en la liga de básquet más importante del mundo.

Sin embargo, pese a la historia, a su experiencia y jerarquía, se quebró. Él, abrazado a sus hijos en el medio de la cancha, antes de recibir el trofeo, se quebró. Su hijo también lloraba, pero no por lo que su padre lo hacía sino por emoción o alegría.

El llanto de Duncan era nostalgia pura, saber que se está terminando algo que no quiere que se acabe nunca. Porque el almanaque corre para todos y él lo tiene en cuenta. Con sus pergaminos, que no son pocos, bajo el brazo, piensa en irse. En alejarse del lugar que más ama, que más le dio.


Sus movimientos como pivot, impredecibles y hasta a veces raros, su tiro corto efectivo y su espectacular performance a la hora de defender lo convirtieron en un jugador de élite. Cualquier aspirante a pivot del mundo quiere parecerse al emblema de los Spurs. O por lo menos copiarle algún movimiento.

Único, un verdadero fuera de serie, que supo levantarse de la pérdida de su madre cuando tenía 14 años y eligió el básquet como refugio. Él, que en la cancha dejaba más de lo que podía pero también lo hacía fuera de ella, ya que cuando en 2012 decidió reducir su salario a la mitad para que la franquicia no supere el tope de millones a utilizar y así sus compañeros puedan seguir en ella, demostró ser un gigante. No por sus 2,11 metros sino por su corazón.

Por tus triunfos, por tu juego, por tus enseñanzas dentro de la cancha, por tu compañerismo, por tu carisma, por tus fintas y tus volcadas. Porque demostraste que levantarse luego de tropezar es obligatorio y por hacer felices a miles de personas. Por eso, que en realidad es mucho más. Por eso te pido que nos regales otra temporada y no te retires. Por favor no, Tim.

domingo, 15 de junio de 2014

Pienso, luego juego

Va como flotando. Levitando, en puntas de pie. El pelo le ondea con el viento. Tiene los ojos clavados en algo que nadie más ve. Acto seguido, patea la pelota y la pone exactamente donde quería. El delantero mete el gol e inmediatamente lo busca a él. Al que mete los pases que nadie ve, al que no se pone nervioso para salir jugando. El atacante va y se abraza con Andrea Pirlo.
Escenas como esta se repiten en casi todos los partidos. Pirlo, que nació hace 35 años en Flero, una pequeña comunidad italiana de no más de nueve mil habitantes, suele dejar en prácticamente cada encuentro un pase gol, que se convierte en asistencia o no dependiendo de la precisión del definidor.
Pero, más allá de su visión de juego, Andrea tiene una forma de moverse y de golpear la bocha casi única. Parece que hasta el pase más simple sale diferente de sus botines. Que cuando él toma la redonda, su equipo, sea cual sea, encuentra el rumbo. Porque Andrea es como una brújula. O un reloj.
Pero no basta saber cómo o dónde pararse. A la teoría hay que agregarle la práctica. Y el italiano maneja las dos facetas como un artista. No en vano le dicen “el arquitecto” o hasta “Mozart”. Porque el italiano lo sabe todo, pero además ejecuta sus movimientos con un estilo y una estética única. Ya al verlo parado en el centro de la cancha, con su pelo y postura de galán italiano, uno se imagina que ese tipo la mueve. Y si nunca lo viste jugar y de repente ves cómo el tiempo se enlentece cuando él la tiene, te das cuenta que es distinto. Porque esa es otra característica del jugador de la Juve. En puntas de pie, con la camiseta prolijamente adentro del pantalón y ese aura de emperador que tiene, Andrea la lleva. Si la tiene por más de cinco segundos, todo el mundo se da cuenta que lo vio. Vio el pase. Ese que te sorprende, ese que vos te jactás de darlo apretando una combinación de botones en la Play Station. Tac. Pum. Gol. Un estacazo. La pelota parece que se va larga pero, increíblemente, se frena un poco y le queda al atacante. Los defensores se reprochan. Pero no tienen nada que reprocharse: solo Andrea vio lo que hizo antes de hacerlo.
Me pregunto qué sentirán los compañeros de Pirlo al verlo ahí, trotando al lado de ellos. Antes que nada, tranquilidad. Nadie puede ponerse nervioso viendo al que tiene el 21 en la espalda. Pero, por otro lado, convencimiento. Convencimiento de que esa forma es la correcta. Eso es el fútbol. Si hasta cuando hace una propaganda de vinos te dan ganas de comprarte uno. Porque el tipo es así. Te va mostrando cómo se tiene que jugar al fútbol. Y vos, de a poco, te vas dando cuenta que es así. Y ahí le compraste la idea. O él te compró a vos.

Y espero que dure mucho más. Que cuando la pelota llore en el aire, venga el 21 y le muestre dónde ir. Que le de un  refugio. Esperemos que el día que el galán de la bocha deje las canchas este lejos. Pero, por las dudas, se lo digo antes de que llegue ese día de luto. Te quiero, Andrea.

jueves, 12 de junio de 2014

La perdiste, no te quejes

La perdiste. La última pelota del partido. La que te podía llegar a hacer ganar. Sí, esa bola. La perdiste. Y ahora, ¿de qué te disfrazas? ¿Con qué cara miras a tus compañeros?. Ellos corrieron, se sacrificaron, defendieron, remontaron 15 puntos en tres minutos para que la pierdas a 45 segundos de que termine el segundo suplementario, cuando ya no hay más aire y solo se juega por amor propio. Por amor a la camiseta, al club.
Los rivales felices, se fueron a cuatro puntos. No importa si después hiciste todo bien, o casi todo. En vano fueron las palabras del técnico en el entrenamiento anterior cuando te dijo que te tengas confianza, que dejes de dudar, que siendo prolijo las cosas salen bien solas. Vos la perdiste. A esa bola, sí la que perdiste, no se la olvida nadie. Y quedás marcado. Marcado como burro o tildado como cagón. Sabés que no lo sos, que en tu vida hay más triunfos que derrotas, que si estás ahí es por algo. Pero ahora te la comes. La masticas y no decís nada porque no hay excusas. Fue un error. Tu equipo perdió, el rival ganó. 

Después de todo eso es lo emocionante del deporte y lo lindo del básquet. Pero no te quejes si no te dan más pelota.

miércoles, 11 de junio de 2014

El perro, la nena y el árbol

Puede sonar a frase hecha, pero la vida tiene giros extraños. Esa esquina era igual a cualquier otra. Lo único que podía diferenciarla del resto era un árbol gigante que salía de la vereda. Sus ramas se bifurcaban y formaban un laberinto que cortaba el cielo. Sobre el tronco había varios cortes verticales, como los que hace un preso en su celda. Algunas manchas oscuras adornaban la corteza.  El árbol, de apariencia milenaria, llamaba tanto la atención que todos los vecinos habían olvidado qué calles se cruzaban allí. Desde siempre, esa había sido “la esquina del árbol”.
Nadie sabe qué pudo haber pasado ese día. Quizás un sonido fuerte, una sirena.
 La niña tenía alrededor de 5 años. Solía usar colitas rosas en el pelo, que generalmente combinaban con el tono de su ropa. Los rizos rubios  brillaban con el sol. Pero ese día estaba nublado.
El perro tenía un tamaño considerable. Su pelaje negro también brillaba. Generalmente escapaba un poco del jardín de sus dueños, dos simpáticos ancianos. La pareja había comprado el perro para tener algo más de compañía. Sus dos hijos vivían en otro país. El canino siempre había sido muy pacífico y cariñoso. Nadie sabe qué pudo haber pasado ese día.
Las nubes de esa tarde habían anulado cualquier tipo de sombra en el suelo. Era, y terminó siendo, un día oscuro en muchos aspectos. Nadie sabe qué pudo haber pasado.
La calle, como siempre, estaba prácticamente vacía. Solo pasaban por esa esquina bicicletas y algunos peatones. La niña y su madre estaban paseando. Era domingo. La madre se detuvo a cruzar algunas palabras con una vecina y descuidó un segundo a su hija. El perro, como solía hacerlo, estaba vagando por la vereda. El animal y la niña se encontraron en la esquina del árbol. Nadie supo qué pudo haber pasado ese día.
Tiempo después, alguien notó que había otro corte en el árbol. La sangre todavía sigue en la corteza.


lunes, 9 de junio de 2014

La palabra imposible no está en su vocabulario

No parar. Levantarse y seguir. Seguir los sueños, la pasión, mantener el orgullo. No hay imposibles en la vida ni desgracias que puedan machacar esperanzas e ilusiones. Todo pasa por uno. Por las ganas de progresar, superarse, sentir y vivir.

La selección argentina de fútbol de amputados es un ejemplo de que los obstáculos sí existen pero pueden sortearse. En julio de 2001 comenzó el sueño liderado por Hugo  Rolando Hereñú quien hizo una convocatoria para que quien quiera se sume a su proyecto. Lo armó de a poco, desde abajo, con constancia y ganas.

 Nueve años después Hereñú tuvo la satisfacción de marcar un gol en la final de la Copa del Mundo Argentina 2010 en la que la selección nacional, apodada Los Flamencos, finalizó segunda tras perder 3 – 1 frente a Uzbekistán.

El fútbol para amputados es una modalidad que sentó sus reglas en 1985 de la mano de la estadounidense Dee Malchow quien sufrió una amputación a los 19 años y decidió adaptar el deporte que amaba a sus capacidades en Seattle. Rápidamente se esparció por el mundo, países africanos, como Sierra Leona, Ghana, Liberia y Nigeria, empezaron a jugar. También lo hicieron en Europa, Asia y Sudamérica.

La World Amputee Football Federation (WAFF), ente máximo internacional,  actualmente cuenta con 28 países inscriptos. Las reglas establecidas tienen algunas diferencias respecto a las de la FIFA para el fútbol profesional: los equipos son integrados por siete jugadores; no existe el offside; se disputan dos tiempos de 25 minutos; en el partido se puede pedir un tiempo muerto de dos minutos; las dimensiones de la cancha son más pequeñas, como también la de los arcos; los cambios son ilimitados y el entretiempo es de 10 minutos.

Los jugadores de campo, que se movilizan con bastones antebraquiales, pueden tener dos manos pero una sola pierna, mientras que los arqueros pueden tener dos piernas pero una sola mano, por lo que tienen prohibido salir del área ya que estarían en ventaja respecto a sus rivales.

María Lucía Ortiz, kinesióloga especialista en amputados egresada de la Universidad del Salvador, remarca: “Jugar al fútbol es una forma de reinsertarse en la sociedad, de dar una enseñanza de vida de que siempre que se quiere se puede. El cuerpo es sabio y se adapta a la discapacidad, su elasticidad y plasticidad se lo permiten pero por supuesto se lo debe preparar para ello”.


La kinesióloga advierte que el trabajo es mental. La fuerza de voluntad y las ganas de practicar el deporte pueden esconder alguna falencia física pero la información cerebral con la que se maneja el cuerpo, de forma automática, es lo que deben modificar y no es nada fácil.

“Yo siempre quise jugar al fútbol y después de la amputación lo primero que hice fue buscar una pelota para patear, sé que muchos de los chicos hicieron lo mismo. Es el sentimiento que tenemos por el fútbol, y como todo argentino aunque sea con una pierna o una mano o una discapacidad lo sentimos igual o más todavía” reflexiona Hernán Travagliante, uno de los jugadores con mayor trayectoria en el seleccionado.

Los habitantes de Pocito (San Juan), La Paz (Mendoza), Rosario (Santa Fe), Esquel (Chubut), Crespo (Entre Ríos) entre muchos otros lugares del país, han presenciado los entrenamientos. Realizan concentraciones un fin de semana por mes, viernes, sábado y domingo, en ciudades rotativas que son organizadas por alguno de los integrantes de la selección que vive allí.

No reciben subsidios del Estado Nacional ni ayuda económica de grandes sponsors, es completamente amateur, hacen todo a pulmón. Amigos y familiares son fundamentales en las organizaciones de viajes, además de ser un gran sostén emocional. La organización de rifas es una buena forma de juntar dinero extra, todo sale de la creatividad de los protagonistas impulsados por las ganas de representar al país.

El trabajo complica la asistencia a los entrenamientos debido a los días que deben pedir para no ausentarse a las concentraciones y los viajes,  algunos de los integrantes perdieron su puesto laboral por no perderse una práctica. El factor del compromiso, como también el de un grupo fuerte queda en evidencia con una acción como esa.

Travagliante, dueño de la número 6 argentina, rescata lo bien que está el grupo: “La relación entre compañeros es buena, hay muchas amistades que se formaron acá. Todos no somos amigos pero nos llevamos muy bien”.

La historia mundialista de Los Flamencos es corta. Disputaron tres Mundiales: Brasil 2001, Argentina 2010 y Rusia 2012, fueron quintos en el primero, segundos cuando jugaron de local y cuartos en la última edición.

El nuevo reto mundial será en México, entre el 30 de noviembre y el 8 de diciembre, y Argentina se hará presente para llevarse el trofeo. El 6 del seleccionado, que quiere ser campeón, dice: “Los equipos mas difíciles son Uzbekistan, actual campeón, Rusia y Turquía porque a diferencia de los otros países son profesionales. Ellos solamente se dedican al fútbol y nosotros no, y ahí se nota la diferencia. Invencible no hay nadie porque dentro de la cancha somos siete contra siete”.


Entre el viernes 16  y el domingo 18 del mes pasado en Rosario se llevó a cabo una nueva concentración ya con la mente completamente puesta en México. Travagliante, quien fue el encargado de organizarla, cierra: “Desde chicos soñamos con jugar al fútbol y más con representar a la selección. Casi a todos nosotros luego del accidente o la enfermedad se nos cruzó por la cabeza que no podríamos jugar más y menos a este nivel. El fútbol nos devolvió el sueño,  una amputación no nos pudo parar. Hoy estamos representando al país y vamos a dejar todo en cada partido”.


No todo está perdido

Me desperté esperanzado. Se podría decir que feliz. No porque Independiente no pudo con Patronato de Paraná y deberá batirse en un duelo mano a mano con Huracán para ver quien asciende a la Primera A, sino porque el 0 - 0, en un partido donde la tensión le ganó al fútbol, demostró que no todo es corrupción en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), como varios piensan.
El mundo de la redonda sabe que Julio Grondona, presidente de la AFA, es fanático del Rojo y también sabe que el poder que este tiene sobre el fútbol argentino es enorme.
A cuentas de que Patronato ocupaba la antepenúltima posición en la tabla y que no estaba comprometido con el descenso, fueron muchos los que se llenaron la boca hablando y confirmando un acuerdo. Independiente, en su cancha con sus hinchas y con la fiesta preparada, ganaría tranquilo y subiría mientras que los jugadores del perdedor podrían hacerse de una suma de dinero por haber sido "derrotados".
No pasó y además las chances más claras para llevarse el partido las tuvo la visita que no acertó o se topó con la figura del equipo de Omar De Felippe: Diego Rodríguez.
El cotillón que llegó al vestuario local en el entretiempo no pudo salir a la cancha cuando pitó Mauro Vigliano, quien mantuvo un arbitraje parcial y no buscó nunca inclinar la balanza. No hubo fiesta ni festejos. Solo lamentos. Lamentos que en mi caso fueron felicidad porque no todo está perdido, ni todo es corrupción. Quedó demostrado ayer en el Estadio Libertadores de América.

sábado, 7 de junio de 2014

Propaganda não tem fim

El sueño de Mikkel Jensen era cubrir el mundial de Brasil. Para capacitarse, el periodista danés vivió dos años en el país organizador, aprendiendo el idioma y viviendo el día a día de una sociedad que se vio convulsionada desde el momento en el que se aprobó la organización del certamen en el país donde la alegría no tiene fin. Sin embargo, Jensen pareció ver lo que “un gringo no debía ver” y mandó una carta a la revista brasileña Placar, donde explicaba su decisión de volver a Dinamarca tras descubrir la violencia que existía en las calles de Fortaleza y asegurar que las autoridades brasileñas estaban haciendo una “limpieza” de niños sin hogar. A pesar de no mostrar pruebas para sostener una acusación de tal tamaño, la publicación del periodista se volvió viral y desató una catarata de opiniones al respecto en los medios. La respuesta de las autoridades brasileñas no se hizo esperar. En su página de Facebook, el secretario de turismo, Bismarck Maia, acusó de “criminal” al danés, además de afirmar que las declaraciones del periodista extranjero eran irrazonables y obedecían a “intereses oscuros”. Igualmente, ésta no fue la primera referencia negativa sobre la organización del mundial y el agitado contexto político y social que se vive en Brasil. En la espera por el comienzo del torneo, varios diarios a lo largo del mundo se hicieron eco de deficiencias en las construcciones o remodelaciones de diferentes estadios. A lo largo de los días se hicieron comunes las noticias sobre demoras y accidentes en las obras, que se cobraron siete vidas. Para intentar suavizar la ola de críticas hacia la logística y la preparación del certamen mundialista, la leyenda del fútbol brasileño Pelé hizo declaraciones que no hicieron más que alborotar el ambiente, como que las muertes de los operarios son “cosas de la vida, nada que asuste”.
Durante la Copa Confederaciones de 2013, las manifestaciones previas a los partidos fueron las protagonistas del certamen, también celebrado en Brasil. Los mismos manifestantes aseguraron que repetirían su accionar durante el Mundial, ya que según su visión no era lógico albergar competiciones tan importantes mientras hay problemas sociales más urgentes para tratar, como la pobreza y la creciente violencia en las favelas.
 Pero un evento de características mundiales también puede ser utilizado para intentar dar otra perspectiva del país.
La presidente Dilma Rousseff argumentó que alojar el torneo más importante del mundo demostrará que “Brasil es un país preparado para recibir al mundial de fútbol”.  La primera mandataria también explicó que el certamen servirá como una cruzada contra el racismo, haciendo referencia al incidente que sufrió el brasileño Dani Alves, jugador del Barcelona, en un partido de su equipo contra el Villarreal, cuando le tiraron una banana de la tribuna, tratándolo de “macaco”; y que la copa le dejará grandes cantidades de dinero al estado y la población.
Estas irrupciones de Rousseff también tienen que ver con el año electoral que vive el país. En otro intento de propaganda positiva para el torneo mundialista, la presidente invitó al papa Francisco.
 El intento de aprovechar el deporte y las nuevas obras para ganar votos y conseguir la reelección parece haberle salido al revés al gobierno brasileño, que se vio fuertemente cuestionado por los problemas que tiene un mundial que todavía ni empezó.

Todo forma parte de un conjunto de nociones positivas y negativas que intentan instalar los medios, casi siempre sobredimensionando hechos reales. En referencia a los supuestos operativos de limpieza de las calles denunciados por Jensen, la brasileña Verônica López, especialista en marketing político e integrante de la consultora AboutPeople, explica que si bien es algo tan grotesco que es difícil de imaginar, “no dudo que exista alguna operación de limpieza en las calles, no necesariamente involucrando asesinatos, pero sí algún desplazamiento de personas”, afirma, “sé que los medios en general, acá, tienen muchas ganas de publicar cosas así. Año de elecciones, medios de oposición...Estaría bueno que ese periodista siguiera investigando y que tuviera cuidado para no convertirse en títere del juego político”.


viernes, 6 de junio de 2014

Al mejor postor

El torneo más áspero de la historia del fútbol se jugó en mayo de 1932 en el pequeño pueblo de Ceibas del departamento de Islas del Ibicuy en la provincia de Entre Ríos. Dieciséis equipos participaron en la llamada Copa del Paraná que comenzó el primero y terminó el 31 de lo que fue, para los que lo vivieron, el mes más largo de su vida.
Eliminación directa en partidos de ida y vuelta. Aquí no valía el gol de visitante y si había empate en los 90 minutos se jugaba a gol gana, por lo que un encuentro de cuartos de final entre Los Amigos del Rieu y Frutería Horten duró seis horas, momento en el cual Carlitos Meano, quien barría la frutería todas las mañanas, convirtió de cabeza para darle el paso a semifinales a su equipo.
Solo había un favorito antes de comenzar el certamen: el Municipal Team, en el que participaba el intendente Osvaldo Cañarel, quien puso de su bolsillo dinero para fichar a jugadores de Gualeguay, Villaguay y hasta a un porteño, Ricardo Sabor, que era la estrella.
El Municipal Team llegó a la final sin problemas. Su mayor goleada fue en cuartos cuando venció 8 – 0 a Lavadero Las Marías. Luego en semis se impuso fácilmente 4 – 0 a Frutería Horten, con cuatro goles de Sabor, por lo que llegaba agrandado a la final en la que se vería las caras con Los Amigos Football, equipo que agrupaba a varios hombres del pueblo con pequeños negocios, que había llegado a esa instancia ganando todos sus partidos 1 – 0.
El carnicero, el verdulero, el panadero, el albañil, el diariero, el electricista y el dueño de la bodega del pueblo integraban Los Amigos Football. Ellos no querían perder frente al equipo pago de Cañarel para demostrar que se podía vencer a ese intendente amigo de  Hipólito Irigoyen ; por eso decidieron tentar a Sabor.
Todos ofrecieron algo de lo que vendían para que la estrella del rival cambiara de equipo antes de la final, que sería a un solo juego el 31. El reglamento no decía nada de modificaciones ni traspasos, así que estaba permitido. La reunión con Sabor fue un éxito, él jugaría para ellos la final a cambio de carnes, verduras, diarios, facturas y vinos gratis por un año y además lo ayudarían a construir su casa cuando decidiese mudarse de Capital a Ceibas.
Mil trescientas veinticinco personas se juntaron en el descampado “Las Rosas” para presenciar la final el martes 31 de mayo a las 14. Todos se sorprendieron cuando vieron a Sabor salir con la camiseta de Los Amigos Football; se escucharon gritos de “traidor”, “pesetero” y “mercenario” por los que el galáctico porteño solo reía.
El Municipal Team salió al campo. El árbitro, Rues Thompson, un inglés que desembarcó unas horas antes desde el Uruguay para dar más parcialidad a las decisiones, pitó y la final de la Copa del Paraná emocionó a viejos y jóvenes en la tribuna.
Lejos de un fútbol vistoso, el juego fue puro nerviosismo, patadas, cargadas, trompadas, todo menos juego. Los primeros 45 minutos dejaron un saldo de dos expulsados por banda y ningún tiro al arco.
Thompson, que parecía aburrido y no entendía por qué todos los del Municipal Team buscaban al 10 del equipo contrario para cortarle los tobillos de una patada, no vio un penal enorme que Rúben Ewstu, el carnicero, le hizo a Cañarel pasados ya los 25 minutos de la segunda parte.
Picado el clima con el árbitro desde afuera por su error, dentro de la cancha seguían las imprecisiones y los fastidios por parte de todos los que jugaban. Sabor no la tocó, metió un caño pero no más que eso. Sus compañeros no sabían qué le pasaba. Él corría desesperado, pero parecía que se había olvidado que tenía que patear la pelota.
Faltaban cinco minutos cuando comenzó a llover torrencialmente. La redonda no se movía de la posición en la que estaba, pero el show debía finalizar. Un pelotazo certero de Juan Judn, el traído de Gualeguay, encontró solo a Weil Ruth, secretario de Cañarel, que la acomodó junto al palo izquierdo del arquero de Los Amigos Football y selló el 1 – 0 con el que parecía que se cerraba la final.
Ochenta y nueve gritó uno en la tribuna cuando el verdulero Fleutas, con más coraje y garra que habilidad, eludió a tres adversarios y quedó cara a cara con el guardavallas del Municipal Team. Fleutas reventó el travesaño pero en el rebote la pelota le pegó en la mano a Cañarel y el inglés no dudo en pitar penal. ¡Penal! Sí, penal, cuando faltaban 15 segundos para el final, penal para el débil, para el equipo del pueblo, para los que iban por la hazaña.
Casi como una obviedad, Sabor, que en su historial tenía 33 pateados 33 convertidos, se paró frente a la pelota. Si anotaba el partido iría al gol gana, en caso de no hacerlo el Municipal Team sería el campeón.
El alargue encontraría mejor parados a Los Amigos Football ya que Cañarel dijo que no jugaría más y su secretario debía irse con él por lo que tendrían una ventaja de dos hombres, clave para triunfar. Pero primero tenía que ser gol.
Sabor frente al arquero, las más de mil almas expectantes, el silencio paró la lluvia y la estrella tomó carrera, corrió hacia la pelota con displicencia y pateó fuerte.
Afuera, lejos, más cerca del banderín del córner que del arco. Cañarel y los suyos festejaron, Los Amigos Football se fueron a sus casas ofuscados, tristes y decepcionados. Estuvieron tan cerca pero fallaron.
Sabor se retiró de la cancha caminando y con una sonrisa, saludó a Cañarel y entré una marea de insultos se subió a un auto y se fue.
Tres días después el diariero, integrante de Los Amigos Football, leyó en un recoveco de la tapa del Clarín: “Ricardo Sabor nuevo concejal por la provincia de Entre Ríos”.


Sí, se había vendido al mejor postor. 

martes, 3 de junio de 2014

Robo al chino

El tipo está yendo al infaltable supermercado chino que tiene a una cuadra. Cuando se despertó se dio cuenta que no había café y entonces se decidió a ir, casi en pantuflas, con dos sombras sobre los ojos, el pelo negro despeinado (pero despeinado en serio, no despeinado cool) y una inevitable cara de suicidio. Aprovechando que ya está ahí se pone a ver góndolas y, casi sin darse cuenta, tiene una canastita llena. Un poco más despierto, casi con ganas de vivir la vida, recorre los pasillos del negocio asiático/porteño. Una vez que tiene todo y su renacido cerebro no le recuerda ningún artículo, se decide a pasar por la caja. El chino (seguramente no es chino, pero en el inconsciente colectivo todo asiático es chino) va pasando con cara de máquina de ensamblar los productos por la caja. Bip, bip, bip. Todo pronto en una bolsita, el tipo saluda y sale, feliz de haberse sacado de encima la traumática situación de ir de compras.
Pero, cuando está en la esquina, descubre algo que le cambiará el desarrollo del día, y, hasta quizás, de su vida. Como quien busca los signos vitales de alguien, el tipo se palpa el bolsillo derecho para ver si sigue vivo e inmediatamente se desespera: hay un cepillo de dientes nuevo que no le cobraron.
“Estoy a 20 metros, ¿vuelvo?”, piensa. Sin duda, eso sería lo correcto. Pero, a las 9 de la mañana, sin haber desayunado, ¿a quién le importa lo correcto? Mientras espera el semáforo, reflexiona. “Técnicamente hice algo ilegal, pero técnicamente fue sin querer. Es decir que no soy un chorro. Soy boludo, nada más. ¿O soy un chorro boludo?”. Cuando ya estaba llegando a una epifanía sobre el capitalismo, sonó la sirena. Se le heló la sangre. Casi se le cae la bolsa. Una combi de la policía, llena de uniformados, acaba de parar en la esquina.

“Cagué boludo. Ahora me meten en cana y a la tarde estoy hablando con Feinmann por ser el chorro más pelotudo de Argentina.” A esa altura, el sudor parecía caerle a mares. La presión lo estaba matando. ¿Corría? Pero, ¿corría con la bolsa? ¿O mejor tiraba el cepillo por ahí? El sol quemaba más. Ya algunos lo miraban extrañados; no es normal ver a un tipo agarrándose la cabeza, parado en una esquina. “Disimulá, pelotudo, disimulá”. En un ágil movimiento de disimulo, la bolsa se le cae. Un policía lo mira. Y la presión lo mató. Y el grito resonó en todo el barrio.
-¡Ok, yo me robé el cepillo, no disparen!