No parar. Levantarse y seguir. Seguir los sueños, la pasión,
mantener el orgullo. No hay imposibles en la vida ni desgracias que puedan
machacar esperanzas e ilusiones. Todo pasa por uno. Por las ganas de progresar,
superarse, sentir y vivir.
La selección argentina de fútbol de amputados es un ejemplo de que
los obstáculos sí existen pero pueden sortearse. En julio de 2001 comenzó el
sueño liderado por Hugo Rolando Hereñú
quien hizo una convocatoria para que quien quiera se sume a su proyecto. Lo
armó de a poco, desde abajo, con constancia y ganas.
Nueve años después Hereñú tuvo la satisfacción de marcar un gol en
la final de la Copa
del Mundo Argentina 2010 en la que la selección nacional, apodada Los
Flamencos, finalizó segunda tras perder 3 – 1 frente a Uzbekistán.
El fútbol para amputados es una modalidad que sentó sus reglas en
1985 de la mano de la estadounidense Dee
Malchow quien sufrió una amputación a los 19 años y decidió adaptar el deporte
que amaba a sus capacidades en Seattle. Rápidamente se esparció por el mundo, países
africanos, como Sierra Leona, Ghana, Liberia y Nigeria, empezaron a jugar.
También lo hicieron en Europa, Asia y Sudamérica.
Los jugadores de campo, que
se movilizan con bastones antebraquiales, pueden tener dos manos pero una sola
pierna, mientras que los arqueros pueden tener dos piernas pero una sola mano,
por lo que tienen prohibido salir del área ya que estarían en ventaja respecto
a sus rivales.
María Lucía Ortiz,
kinesióloga especialista en amputados egresada de la Universidad del
Salvador, remarca: “Jugar al fútbol es una forma de reinsertarse en la
sociedad, de dar una enseñanza de vida de que siempre que se quiere se puede.
El cuerpo es sabio y se adapta a la discapacidad, su elasticidad y plasticidad
se lo permiten pero por supuesto se lo debe preparar para ello”.
La kinesióloga advierte que
el trabajo es mental. La fuerza de voluntad y las ganas de practicar el deporte
pueden esconder alguna falencia física pero la información cerebral con la que
se maneja el cuerpo, de forma automática, es lo que deben modificar y no es
nada fácil.
“Yo siempre quise jugar al fútbol y después de la amputación lo
primero que hice fue buscar una pelota para patear, sé que muchos de los chicos
hicieron lo mismo. Es el sentimiento que tenemos por el fútbol, y como todo
argentino aunque sea con una pierna o una mano o una discapacidad lo sentimos
igual o más todavía” reflexiona Hernán
Travagliante, uno de los jugadores con mayor trayectoria en el seleccionado.
Los habitantes de Pocito (San
Juan), La Paz
(Mendoza), Rosario (Santa Fe), Esquel (Chubut), Crespo (Entre Ríos) entre
muchos otros lugares del país, han presenciado los entrenamientos. Realizan
concentraciones un fin de semana por mes, viernes, sábado y domingo, en ciudades
rotativas que son organizadas por alguno de los integrantes de la selección que
vive allí.
No reciben subsidios del
Estado Nacional ni ayuda económica de grandes sponsors, es completamente
amateur, hacen todo a pulmón. Amigos y familiares son fundamentales en las
organizaciones de viajes, además de ser un gran sostén emocional. La
organización de rifas es una buena forma de juntar dinero extra, todo sale de
la creatividad de los protagonistas impulsados por las ganas de representar al
país.
El trabajo complica la
asistencia a los entrenamientos debido a los días que deben pedir para no
ausentarse a las concentraciones y los viajes,
algunos de los integrantes perdieron su puesto laboral por no perderse
una práctica. El factor del compromiso, como también el de un grupo fuerte
queda en evidencia con una acción como esa.
Travagliante, dueño de la
número 6 argentina, rescata lo bien que está el grupo: “La relación entre compañeros es buena, hay muchas amistades que se
formaron acá. Todos no somos amigos pero nos llevamos muy bien”.
La historia mundialista de Los Flamencos es corta. Disputaron tres Mundiales:
Brasil 2001, Argentina 2010 y Rusia 2012, fueron quintos en el primero, segundos
cuando jugaron de local y cuartos en la última edición.
El nuevo reto mundial será en México, entre el 30 de noviembre y el
8 de diciembre, y Argentina se hará presente para llevarse el trofeo. El 6 del
seleccionado, que quiere ser campeón, dice: “Los equipos mas difíciles son Uzbekistan,
actual campeón, Rusia y Turquía porque a diferencia de los otros países son
profesionales. Ellos solamente se dedican al fútbol y nosotros no, y ahí se
nota la diferencia. Invencible no hay nadie porque dentro de la cancha somos siete
contra siete”.
Entre el viernes 16 y el domingo
18 del mes pasado en Rosario se llevó a cabo una nueva concentración ya con la
mente completamente puesta en México. Travagliante, quien fue el encargado de
organizarla, cierra: “Desde chicos soñamos con jugar al fútbol y más con
representar a la selección. Casi a todos nosotros luego del accidente o la
enfermedad se nos cruzó por la cabeza que no podríamos jugar más y menos a este
nivel. El fútbol nos devolvió el sueño, una amputación no nos pudo parar. Hoy estamos
representando al país y vamos a dejar todo en cada partido”.
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