lunes, 9 de junio de 2014

La palabra imposible no está en su vocabulario

No parar. Levantarse y seguir. Seguir los sueños, la pasión, mantener el orgullo. No hay imposibles en la vida ni desgracias que puedan machacar esperanzas e ilusiones. Todo pasa por uno. Por las ganas de progresar, superarse, sentir y vivir.

La selección argentina de fútbol de amputados es un ejemplo de que los obstáculos sí existen pero pueden sortearse. En julio de 2001 comenzó el sueño liderado por Hugo  Rolando Hereñú quien hizo una convocatoria para que quien quiera se sume a su proyecto. Lo armó de a poco, desde abajo, con constancia y ganas.

 Nueve años después Hereñú tuvo la satisfacción de marcar un gol en la final de la Copa del Mundo Argentina 2010 en la que la selección nacional, apodada Los Flamencos, finalizó segunda tras perder 3 – 1 frente a Uzbekistán.

El fútbol para amputados es una modalidad que sentó sus reglas en 1985 de la mano de la estadounidense Dee Malchow quien sufrió una amputación a los 19 años y decidió adaptar el deporte que amaba a sus capacidades en Seattle. Rápidamente se esparció por el mundo, países africanos, como Sierra Leona, Ghana, Liberia y Nigeria, empezaron a jugar. También lo hicieron en Europa, Asia y Sudamérica.

La World Amputee Football Federation (WAFF), ente máximo internacional,  actualmente cuenta con 28 países inscriptos. Las reglas establecidas tienen algunas diferencias respecto a las de la FIFA para el fútbol profesional: los equipos son integrados por siete jugadores; no existe el offside; se disputan dos tiempos de 25 minutos; en el partido se puede pedir un tiempo muerto de dos minutos; las dimensiones de la cancha son más pequeñas, como también la de los arcos; los cambios son ilimitados y el entretiempo es de 10 minutos.

Los jugadores de campo, que se movilizan con bastones antebraquiales, pueden tener dos manos pero una sola pierna, mientras que los arqueros pueden tener dos piernas pero una sola mano, por lo que tienen prohibido salir del área ya que estarían en ventaja respecto a sus rivales.

María Lucía Ortiz, kinesióloga especialista en amputados egresada de la Universidad del Salvador, remarca: “Jugar al fútbol es una forma de reinsertarse en la sociedad, de dar una enseñanza de vida de que siempre que se quiere se puede. El cuerpo es sabio y se adapta a la discapacidad, su elasticidad y plasticidad se lo permiten pero por supuesto se lo debe preparar para ello”.


La kinesióloga advierte que el trabajo es mental. La fuerza de voluntad y las ganas de practicar el deporte pueden esconder alguna falencia física pero la información cerebral con la que se maneja el cuerpo, de forma automática, es lo que deben modificar y no es nada fácil.

“Yo siempre quise jugar al fútbol y después de la amputación lo primero que hice fue buscar una pelota para patear, sé que muchos de los chicos hicieron lo mismo. Es el sentimiento que tenemos por el fútbol, y como todo argentino aunque sea con una pierna o una mano o una discapacidad lo sentimos igual o más todavía” reflexiona Hernán Travagliante, uno de los jugadores con mayor trayectoria en el seleccionado.

Los habitantes de Pocito (San Juan), La Paz (Mendoza), Rosario (Santa Fe), Esquel (Chubut), Crespo (Entre Ríos) entre muchos otros lugares del país, han presenciado los entrenamientos. Realizan concentraciones un fin de semana por mes, viernes, sábado y domingo, en ciudades rotativas que son organizadas por alguno de los integrantes de la selección que vive allí.

No reciben subsidios del Estado Nacional ni ayuda económica de grandes sponsors, es completamente amateur, hacen todo a pulmón. Amigos y familiares son fundamentales en las organizaciones de viajes, además de ser un gran sostén emocional. La organización de rifas es una buena forma de juntar dinero extra, todo sale de la creatividad de los protagonistas impulsados por las ganas de representar al país.

El trabajo complica la asistencia a los entrenamientos debido a los días que deben pedir para no ausentarse a las concentraciones y los viajes,  algunos de los integrantes perdieron su puesto laboral por no perderse una práctica. El factor del compromiso, como también el de un grupo fuerte queda en evidencia con una acción como esa.

Travagliante, dueño de la número 6 argentina, rescata lo bien que está el grupo: “La relación entre compañeros es buena, hay muchas amistades que se formaron acá. Todos no somos amigos pero nos llevamos muy bien”.

La historia mundialista de Los Flamencos es corta. Disputaron tres Mundiales: Brasil 2001, Argentina 2010 y Rusia 2012, fueron quintos en el primero, segundos cuando jugaron de local y cuartos en la última edición.

El nuevo reto mundial será en México, entre el 30 de noviembre y el 8 de diciembre, y Argentina se hará presente para llevarse el trofeo. El 6 del seleccionado, que quiere ser campeón, dice: “Los equipos mas difíciles son Uzbekistan, actual campeón, Rusia y Turquía porque a diferencia de los otros países son profesionales. Ellos solamente se dedican al fútbol y nosotros no, y ahí se nota la diferencia. Invencible no hay nadie porque dentro de la cancha somos siete contra siete”.


Entre el viernes 16  y el domingo 18 del mes pasado en Rosario se llevó a cabo una nueva concentración ya con la mente completamente puesta en México. Travagliante, quien fue el encargado de organizarla, cierra: “Desde chicos soñamos con jugar al fútbol y más con representar a la selección. Casi a todos nosotros luego del accidente o la enfermedad se nos cruzó por la cabeza que no podríamos jugar más y menos a este nivel. El fútbol nos devolvió el sueño,  una amputación no nos pudo parar. Hoy estamos representando al país y vamos a dejar todo en cada partido”.


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