jueves, 12 de junio de 2014

La perdiste, no te quejes

La perdiste. La última pelota del partido. La que te podía llegar a hacer ganar. Sí, esa bola. La perdiste. Y ahora, ¿de qué te disfrazas? ¿Con qué cara miras a tus compañeros?. Ellos corrieron, se sacrificaron, defendieron, remontaron 15 puntos en tres minutos para que la pierdas a 45 segundos de que termine el segundo suplementario, cuando ya no hay más aire y solo se juega por amor propio. Por amor a la camiseta, al club.
Los rivales felices, se fueron a cuatro puntos. No importa si después hiciste todo bien, o casi todo. En vano fueron las palabras del técnico en el entrenamiento anterior cuando te dijo que te tengas confianza, que dejes de dudar, que siendo prolijo las cosas salen bien solas. Vos la perdiste. A esa bola, sí la que perdiste, no se la olvida nadie. Y quedás marcado. Marcado como burro o tildado como cagón. Sabés que no lo sos, que en tu vida hay más triunfos que derrotas, que si estás ahí es por algo. Pero ahora te la comes. La masticas y no decís nada porque no hay excusas. Fue un error. Tu equipo perdió, el rival ganó. 

Después de todo eso es lo emocionante del deporte y lo lindo del básquet. Pero no te quejes si no te dan más pelota.
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