sábado, 31 de mayo de 2014

De la desafiliación a la gloria

Atenas de Córdoba desafiliado. El equipo más ganador de la historia del básquetbol argentino no podría formar parte de una nueva edición de la Liga Nacional. La Asociación de Clubes (AdC) así lo había sentenciado en septiembre de 1997. La prórroga para cambiar de sponsor técnico había terminado y los dirigentes del Griego se negaban a romper su contrato con Nike, marca que vestía al equipo, para firmar un nuevo arreglo con Topper como debían hacerlo todos los elencos que participarían de los torneos organizados por la AdC al comienzo de la temporada 1997/98.

¿Un gigante afuera del campeonato por no vestir la indumentaria que le imponía el organizador? Parecía ilógico pero podía llegar a pasar. Por eso Eder Baralle, quien era presidente de Atenas, se reunió con Eduardo Bazzi, quien desde 1992 es titular de la AdC, para llegar a un acuerdo que dejó satisfechas a ambas instituciones.

El pacto fue el siguiente: Atenas usaría Nike hasta el 31 de diciembre de 1997, para luego pasar a Topper. Esto le permitiría jugar el McDonald´s Championship, torneo al que había clasificado por ser campeón sudamericano, con la indumentaria estadounidense lo que les dejaba un mayor rédito económico.

El director técnico Rubén Magnano había formado un equipo que, desde los nombres, sumaba experiencia con Marcelo Milanesio, Hector Campana y Diego Osella, juventud y talento con Fabricio Oberto, Leandro Palladino, Andrés Pelussi, Patricio Prato, Gabriel Riofrío y Bruno Lábaque, y efectividad con sus dos extranjeros, Steven Edwards y Steve Rich. “Parte del éxito se dio por la buena relación del equipo. Nosotros los jóvenes teníamos espejos que muchos quisieran tener como Milanesio, Campana y Osella”, recuerda Palladino.
El 19 de septiembre comenzaba la ilusión. El primer escalón de toda la gloria que llegó después. Atenas debía visitar a Obras Sanitarias por el primer partido de la Liga Nacional. El camino era largo pero empezar con buenos resultados traería alivio, dejaría los nervios de lado y ayudaría a soltar al equipo. Así fue, los dirigidos por Magnano vencieron al local e hilaron luego siete victorias consecutivas antes de ir rumbo a París a disputar el Mc Donald´s Championship, en el que se enfrentarían con los mejores de Europa y el campeón de la NBA.
Atenas, el más débil en los papeles, sorprendió a todos en Francia y quedó afuera de la final del certamen tras perder con el Olympiacos griego por un triple sobre la chicharra del lituano Arturas Karnisovas. El campeón fue Chicago Bulls liderado por Michael Jordan y Scottie Pippen, pero el más recordado fue y será el elenco cordobés.
Ya en Argentina al equipo lo recibieron con una fiesta la noche que se reencontró con el triunfo, frente a Independiente de General Pico. Ganar lo reanimó y con un juego de defensa desgastante y ataque simple y efectivo consiguió un récord de 22 partidos ganados y ochos perdidos para ser segundo, un punto por debajo de Boca, en la primera fase de la temporada regular.  Así, se clasificó a la A1 en la que se mediría con los ocho primeros.
El 6 de enero de 1998 el Griego finalmente presentó su indumentaria Topper en un  Polideportivo Carlos Cerutti colmado de fanáticos que asistieron al comienzo de la A1. El mismo fue con una ajustada victoria 101-94 frente a Deportivo Roca. En ella marcaron la diferencia los estadounidenses. Un día después, a pesar de su buena actuación, Magnano decidió cortar a Rich por indisciplina y contratar a su compatriota Darrel Anderson, proveniente el básquetbol húngaro.
La primera rueda de la segunda fase de la Liga la finalizaron invictos y por eso consiguieron la punta del torneo, que pelearían mano a mano con Boca. Su rival se desmoronó y perdió en la segunda rueda tres encuentros consecutivos por lo que los cordobeses se colgaron el “1” en la fase regular, ingresando directamente a los cuartos de final de los play-off.
En el período de quince días en el que se disputarían los partidos de reclasificación, que darían su rival en la llave, Atenas, venció en dos encuentros, de una serie al mejor de tres, a Cordón de Uruguay por los cuartos de final de la Liga Sudamericana, de la que era campeón defensor. Obtuvo de esa forma su boleto para la semifinal. Antes, con seis partidos ganados, había terminado invicto su grupo.
Diez días después, por el torneo local, los jugadores recibieron un cachetazo de Olimpia de Venado Tuerto, que venía de ganarle a Gimnasia de Comodoro;  de visita y luego de dos suplementarios, los venadenses vencieron 110-106 en el primer partido de los cuartos de final, que se disputaban al mejor de cinco.
Otro over-time ponía en riesgo el pase a semis de Atenas en el segundo juego, pero Oberto convertió un tiro corto a falta de un segundo para que finalizara el encuentro que dejó el tanteador 102-100 para el local y el empate en uno en la serie.
El Griego viajó a Venado Tuerto para disputar el tercer y el cuarto partido. Salió derrotado en el primero, en el que no fue efectivo en los tiros de media distancia y fue dominado por el rival, y victorioso en el segundo, en el que cambió la cara, estuvo fino desde la zona de triple y sacó una diferencia final de 11 puntos para  llevar la serie a un quinto juego.
En Córdoba tendría lugar el encuentro decisivo. Si Atenas no ganaba, sería la primera vez en 14 ediciones de la Liga que se quedaría afuera antes de las semis. Una ráfaga de triples en el final de la visita puso en duda el pasaje pero no le alcanzó para superar al local que hizo pesar su experiencia con la conducción de Milanesio, quien ordenó a los suyos para controlar en los 40 minutos, y así, se impuso 91-87 para meterse entre los cuatro mejores.
Debía disputar las semifinales de la Liga Nacional y de la Sudamericana. En el torneo continental venció a Boca 2-1 en partidos cerrados con juego friccionado y de poco goleo. En el local, vapuleó 3-0 a Estudiantes de Bahía Blanca que no pudo seguirle el ritmo en los dos primeros encuentros en Córdoba. En el tercero, tras una remontada de 15 puntos gracias a los triples de Campana, Atenas se impuso 92-87, en lo que fue el último partido de Emanuel Ginóbili, estrella bahiense, en el medio local.
Mientras en el Cerutti seguían festejando el bicampeonato sudamericano, porque el Griego le había ganado la final, en su casa y en Brasil, al Marathon Franca y se había adjudicado nuevamente el título, los de Magnano se concentraban y esperaban su enfrentamiento con Boca, que había vencido en una ajustada semi a Independiente de Pico.
La serie final sería a siete juegos, los dos iniciales en Córdoba. En ellos, Atenas dominó desde el comienzo. En el primero a falta de cinco minutos Boca descontó una diferencia de 13 puntos y lo igualó en 82 pero Oberto y Campana se pusieron el equipo al hombro y lo hicieron resurgir para que el encuentro finalizara 89-87 a favor del local. El segundo, dos días después, no contó con la respuesta de la visita en ningún momento. Milanesio se encargó de repartir el juego y los demás de convertir, culminó 103-88.
 Para recaudar más dinero, los dirigentes boquenses decidieron dejar La Bombonerita, donde el equipo hacía de local, para disputar los dos duelos en el Luna Park, el sitio que había sido usado, para un partido, por última vez en la final del Mundial de 1990, en la que Yugoslavia había vencido a la Unión Soviética.
Más de 6000 fanáticos asistieron al tercer partido. El primer cuarto finalizó 13-20 con un Boca potente y efectivo. La visita logró revertirlo en el segundo, con un gran trabajo de Osella bajo el aro para terminar arriba 47-46 el primer tiempo. El local apostó por los triples en el tercer cuarto, y no fue efectivo, y así el Griego pudo meter un parcial de 9-0 para destrabar el partido y mantener esa ventaja hasta el final, que lo vio vencedor por 96-87. De esa forma puso la serie 3-0.
Sobre 8200 personas, 4000 eran del Verde en las tribunas del Luna Park para el cuarto juego, que podría ser decisivo. La visita buscaba el quinto título de su historia, que le era esquivo desde 1992. La clave otra vez estuvo abajo del cesto y por esa vía Atenas pudo sacar ventaja. El tanteador mostró las diferencias entre los equipos. Boca sin ideas ni rumbo no fue problema para el nuevo campeón, que lo venció 111-90 y consiguió la primera barrida en la historia de la Liga en finales a siete juegos.
Dos horas tardó en llegar el micro con los jugadores desde el aeropuerto de Córdoba hasta la sede del club. En andas, una caravana de siete mil hinchas llevaba a Campana, Oberto y Milanesio los baluartes fundamentales del pentacampeonato, que habían logrado además la Copa Challenger León Najnudel, que se le otorga al club que gana cinco veces la Liga. Prato, quien era el más joven del plantel, con tono nostálgico menciona: “Fue espectacular el recibimiento, un recuerdo increíble. Yo estaba pasando de juvenil a jugar con los mayores y formar parte de aquel equipo fue bárbaro en todo sentido”.

La temporada 1997/98 de la que Atenas en un momento estuvo afuera por desafiliación, dejó en las vitrinas de este humilde club de barrio, una Liga Sudamericana, un título de Liga Nacional, un tercer puesto del Mc Donald´s Championship y la Copa Challenger León Najnudel, y escribió, hasta el momento, la mejor página de su historia. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Cómo ser robado correctamente

Es prácticamente inevitable que uno sea robado (de manera directa, viendo a la cara al ladrón; no voy a hablar sobre políticos) en algún momento de su vida. Debería ser una circunstancia poco placentera pero, a la vez, pacífica. Para que esto suceda, hay que cumplir ciertas condiciones/consejos.

No entre en pánico. El miedo puede provocarle reacciones estúpidas que no serán agradables para el señor delincuente. Para mantenerse tranquilo, lo ideal es pensar que es una situación urbana más, común en una ciudad, como puede ser esperar el semáforo o bancarse al grupo de salsa que se sube inesperadamente al subte.
Trate de congraciar con el delincuente. Puede empezar preguntándole de qué club es hincha, cómo llegar a tal dirección o dónde compró esa campera. Lo ideal sería que el ladrón termine esa misma noche en su casa comiendo una pizza y viendo Tinelli con usted. Quizás hasta se convierta en su amigo, y años después recuerden la vez que se conocieron debajo de la autopista.
Colabore. Este ítem va directamente relacionado con el primer paso referido a la tranquilidad. Si bien todos sabemos que, en nuestro interior, tenemos un potencial Rambo que puede batir hasta al más feroz de los demonios, lo cierto es que no serviría de nada salir lastimado (o que el pobre malhechor salga herido) Huir tampoco es una opción. No sea cagón y banquesela.

Hablele sobre su vida. Este consejo toma mayor importancia si su vida es realmente aburrida. Trate de explicarle esa gráfica que no puede resolver, pídale consejos amorosos o explíquele cuál hubiera sido la postura de Marx, objeto de sus recientes e inútiles estudios, en una situación como esta. Si su situación económica es inestable, muéstrele facturas, cheques rebotados o telegramas de despido que lo confirmen. Si, por lo contrario, está en una época fructífera, en la cual encuentra euros debajo de los paquetes de Criollitas, no le mienta. Puede que pierda algún objeto de valor, pero nunca los modales.

SEPARADOS POR UN MURO

Al subir la traicionera escalera de la Sivori alta, donde cada escalón parece un enemigo, se encuentra un amplio mural que cubre todo el pasillo que rodea la tribuna popular local del estadio de River. Al principio, la imagen parece simplemente una visión creada por un agotado cerebro, que pide a gritos una bocanada de oxígeno luego de la angustiosa escalinata.
Miles de rostros pintados gesticulan desde la pared, denotando su eterna pasión por el club que aman. Los hinchas que por allí pasan ojean la obra y siguen su camino para encontrar un buen lugar en la grada. Pocos, o ninguno,  saben las disputas y los conflictos que esta creación ocasionó.



“El mural lo hice gratis y por amor”, afirma Alejandro Cattanzaro, personaje de aspecto bohemio, pelo largo, barba trasnochada y cigarro en mano. El bar está desierto. Nadie más es testigo de las declaraciones del pintor, quien recuerda cada detalle de su trabajo en la tribuna Sívori. Relata cómo impulsó su proyecto sin ayuda. Tuvo que golpear puertas en el estadio hasta poder hablar con el por entonces presidente de la institución José María Aguilar y obtener su aval. “Tardé ocho meses en conseguir el permiso, a pesar de que iba a pintar gratis y conseguir los materiales yo mismo”, continúa.
Entre pitada y pitada, explica que la idea era “darle un regalo al hincha”. Esto mismo le dijo a Alan Schlenker, en ese tiempo líder de la barra brava de River, quien visitó una tarde de noviembre de 2004 la obra en construcción y dio el visto bueno. Conmovido por el trabajo, el barra ordenó a la confitería del club que le mandara todos los días sándwiches de milanesa, ya que no se le pagaban viáticos.

“Cattanzaro es un mitómano medio siniestro”, asegura Diego De Luca, cuya firma figura, un poco escondida, en el mural. “Era un auxiliar que despedí a los tres días porque no había pintado ni una línea”, explica.
Aquí es cuando la historia sobre la creación de la obra se torna nebulosa. De Luca prosigue: “No tocó un pincel; le debo un cabezazo en la nariz cuando lo vea”. Dejando de lado las suspicacias, un blog, creado en 2006, detalla con imágenes el proceso creativo, que muestra a este pintor como el líder del proyecto.
Queda en evidencia que ambas historias, ambiguas, se relacionan. Algo ocurrió entre los protagonistas pero ninguno se atreve a contarlo.

Fernando Guarini, presidente del fútbol infantil riverplatense de ese momento, es el único personaje que se encuentra en las declaraciones de ambos muralistas. “Alejandro y Diego comenzaron a pintar juntos, ellos propusieron la idea en el club pero pocos días después de empezar se pelearon y Alejandro dejó la obra. Diego la terminó con otras dos chicas”, recuerda. Esta versión aclara el porqué del odio que hay entre ambos artistas, que omitieron la pelea en sus declaraciones.

Los ojos ciegos apuntan al pasillo. Autos con banderas rojas y blancas irrumpen en la escena. El mural es tan largo que parece deshacerse en el horizonte, como una ruta de colores. Después de todo, la única certeza es que la obra existe y allí está, busca cautivar y esconde una parte de la historia que solo los ciegos ojos observaron.

 El color de la pasión en cuatro bloques

El mural, que fue inaugurado el 6 de abril de 2005 y abarca 116 metros de tribuna, está dividido en cuatro capítulos que intentan plasmar la pasión del fanático riverplatense.
El primero es en honor al hincha en general, tanto para aquel que va a la cancha como para quien ve los partidos en casa con su familia. En la segunda escena aparecen representados los barrasbravas en la popular. Esto se debe a sus pedidos de ser inmortalizados en la pintura. Incluso, estas personas acercaron bocetos a los pintores. El tercer capítulo refleja la multitudinaria caravana que se realizó por el centenario del club el 25 de mayo de 2001, en tanto que el episodio final muestra a los aficionados caminando por el barrio de La Boca, en una invasión al territorio enemigo, como una muestra de coraje y valentía.
Además, a pedido de familiares, fueron incluidos en la obra algunos simpatizantes fallecidos, que de esta forma quedaron estampados en las paredes del club que amaron.

El mural, que tardó más de cinco meses en ver la luz, contó con la participación de todos los fanáticos que quisieron ayudar, por lo que fue un trabajo de y para los hinchas.

jueves, 29 de mayo de 2014

La chica de buzo negro llora

Llora. Sin duda, está llorando. Sin motivo o razón aparente, la chica de buzo negro llora. Pero no lo hace en la intimidad de su casa, en la comodidad de su cuarto o a pedido del director de un culebrón barato. No. La chica está parada un poco antes de llegar a la esquina, recostada contra la pared, tapándose la boca y con ese gesto casi desfigurado que algunas personas tienen cuando están terriblemente angustiadas. No soy el único que se extraña. Muchos peatones observan curiosos a la chica que, después de un rato, decide sentarse en la vereda (que está tan maltrecha como ella) respaldando su espalda sobre la pared mugrienta y simplemente quedándose ahí. Estoy tentado de preguntarle qué le pasa, más por curiosidad que por un sentimiento de solidaridad. Ahora tiene la vista perdida, los ojos grandes y una quietud que asusta. ¿Qué la puede haber dejado en ese estado? ¿La habrán robado? ¿Violado? Entre hipótesis se me ocurre que, quizás, se puso a pensar en todas las miserias del mundo y se angustió, ahí mismo. Me río para mis adentros. Soy un tarado. La piba está llorando, totalmente consternada y yo me río de mis propios chistes. Es que la situación es un choque entre lo dramático y lo absurdo. Una chica sentada en la vereda, llorando, mientras todos los oficinistas le pasan casi por encima. No es normal. Sigo dudando si ofrecerle algún tipo de ayuda o consejo (cosas raras en mí). Pero me pongo a pensar. Si está llorando ahí, en medio de la nada, quiere decir que le acaba de pasar algo, seguramente terrible. Seguramente necesite rápido algo de ayuda, al menos un oído para desahogarse. Mirá si se consume de tristeza ahí mismo, en Tacuarí e Irigoyen. Si de tanto llorar sola, de repente, explota. Considero una opción sentarme al lado de ella llorando desconsoladamente. Quizás ve que alguien la está pasando todavía peor y se siente mejor. Reveo todas mis posibilidades. Pero el semáforo se pone en verde. Entonces cruzo y sigo mi camino.

La exitosa fórmula del Cholo Simeone en cinco claves

Diego Cholo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, llevó a su equipo a lo más alto del nivel mundial tras tomarlo a cuatro puntos de la zona de descenso hace dos años. El éxito no viene solo, sino de la mano de un arduo trabajo. A continuación cinco claves para entender la actualidad del Aleti:

1) Obsesivo al nivel de mirar de que signo del zodíaco son los jugadores que el club pretende fichar para saber si sus personalidades no perjudicarían al grupo.  Así es Diego “Cholo” Simeone al hacer su trabajo. Sus familiares, compañeros laborales y allegados coinciden en que no para de hablar de fútbol. Asistir los martes al cine es con lo único que se permite desconectarse aunque admite que si la película que fue a ver no lo atrapa comienza a dibujar esquemas tácticos en la enorme pantalla que tiene enfrente.

(Foto: www.palabradefutbol.com)
2) “Soy uno más en la selección, apenas tengo mayor experiencia” dijo Simeone al Gráfico en agosto del 2000, cuando era capitán y referente del elenco argentino. Sus palabras muestran su bajo perfil, ese que le ayuda a transmitirle a sus jugadores que es lo que quiere que hagan en la cancha. Saber llegar a ellos es mérito propio del joven entrenador, se adapta a las generaciones y logra que todos sus dirigidos se mimeticen con la causa. Entrega y sacrificio es el sello de sus equipos y debe cumplirse a rajatabla.

3) El Cholo logra adaptarse a cualquier circunstancia. Entiende los límites de su plantel y busca mejorar a partir de ellos. Tácticamente ordena a los jugadores según el rival que tiene que enfrentar y no le tiembla el pulso a la hora de sacar o poner a algún integrante del equipo. Valora públicamente su esfuerzo y se preocupa por la unión del grupo. Nutre la competencia interna, piensa que potencia al elenco. Que los profesionales sientan que todo el tiempo se están “jugando” el puesto ayuda a que exploten sus potenciales al máximo.

4) Observar es su principal virtud. Considera que el que copia se equivoca pero piensa que buscar mejoras a un sistema o a una forma de juego que implementa otro no está mal. Suele ver videos de los partidos de las inferiores para captar algo del juego de los más chicos y ponerlo en práctica en el que quiere que su equipo haga en la cancha. Remarca que siempre se está formando, intenta aprender de todos, no desmerece a nadie por el lugar que ocupe y acepta críticas si son constructivas, lo que lo ayuda a mejorar día a día.


5) Es optimista y sabe esperar. Su liderazgo natural le permite contagiar su energía positiva que se refleja en la entrega sus dirigidos. Confía en que al trabajar duro y enfocado en una causa tarde o temprano aparecerán los resultados. El 6 de mayo estrenó su cuenta en la red social Twitter y su primer mensaje, acompañado por una foto suya con el escudo del Aleti de fondo, fue: “Siempre hay que creer y nosotros creemos”. El Atlético está primero en la Liga Española a falta de una fecha para su fin y es finalista de la Champions League, Diego Simeone bastante tiene que ver con eso.

miércoles, 28 de mayo de 2014

El hombre de camperón verde

Se paró en la butaca 23 del sector M2 de la Platea Sur del Estadio Pedro Bidegain y gritó como nadie más en ese estadio. Ensordecedor fue ese alarido de gol, en el que también se cayeron algunas lágrimas. Brazos en alto, llanto, 100 kilos y 1,85 metros de alto arriba de una mínima butaca plástica. Varios se abrazan a él, es un sentimiento, pura pasión. Los otros hinchas, no tan efusivos, lo comprenden.
Ignacio Piatti la había colgado del ángulo, sin tener la intención, y así había puesto el 3 – 0 que daba la clasificación, hasta el momento, a San Lorenzo de Almagro a los octavos de final de la Copa Libertadores de América.
El fanático de camperón verde y anteojos, más parecido a un empresario tranquilo que a un tipo desencajado, que puteó a Más durante todo el partido y defendió a Piatti cuando otros lo insultaban no podía más de emoción.
Movió Botafogo, pasaban los minutos, pero él seguía arriba de la butaca con los brazos en alto, nadie le decía que se baje. Quizás por miedo por su porte físico o porque lo comprendían. Su hijo se animó, tomaron asiento, pero al segundo ambos volvieron a estar de pie como toda la cancha.
Finalizó el encuentro pero eso poco importaba. Ahora Independiente del Valle de Ecuador no debía anotar un gol más en el minuto de juego que le quedaba en su partido frente a Unión Española de Chile.
Sesenta segundos agónicos, pura tensión. El hombre que estaba junto a nuestro sujeto de camperón verde tenía una radio, este se la apoderó y fue el primero en gritar:              
“CLASIFICAMOS”.
Bidegain repleto de felicidad, San Lorenzo a octavos. Sin saber las canciones el fanático las canta, vuelve a emocionarse, sigue balbuceando, luego se sienta.
Pasados los 15 minutos de espera para que se retire la parcialidad visitante, se levanta y se retira con una sonrisa en la cara enorme y el recuerdo de un momento inolvidable que nadie le podrá quitar.

Ahora debe estar pensando en Gremio, espero cruzármelo nuevamente en la cancha porque solo verlo sentir me pone la piel de gallina.

Ojos que no ven


Vi jugadores raros, pero ninguno como El Ciego. Una noche de esas que parecen interminables, me quedé charlando con él en el bar. Las bases de los vasos mojados habían estampado un dibujo casi surrealista sobre la barra. Ahí se me acercó y empezó a hablar. Cuando ya habíamos charlado lo que me parecieron tres o cuatros días seguidos, le perdí un poco el miedo que daba por esa barba de erizo y le pregunté cómo había perdido los dos ojos. Me contó que, el día que descendió Independiente, club de sus amores, se arrancó los dos globos oculares al grito de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Todavía no sé si su respuesta fue un producto de la borrachera o eso era lo que había sucedido. Prefiero pensar que fue así.

Sin embargo, el Ciego, histórico 7 de Polancos, el club de la localidad, siguió jugando al fútbol. Por su vasta experiencia adentro de la cancha, se las arreglaba para no desentonar los 5, 7 minutos que el técnico lo ponía. Además, los árbitros y rivales, la mayoría conocidos y amigos, accedían a ponerle un pequeño cascabel a la bocha. Así, el tipo miraba sin ver y la llevaba algo torpe pero seguro sobre la línea.
Cada vez que tocaba la pelota, los cincuenta hinchas que había en la canchita gritaban y vitoreaban. No se avivaban que, con tanto ruido, el Ciego perdía de vista la pelota.

“Es hoy, es hoy…”, se despertó susurrando Máximo, mi compañero de equipo y casa. Luego de un arduo torneo, Polancos se jugaba el campeonato contra Agraciada, que llegaba a la calurosa tarde dominguera con la misma cantidad de puntos. Los ganadores serían reconocidos en todo el pueblito, beberían gratis en el bar y alguna amorosa damisela les ofrecería una noche con más temperatura aún. Los perdedores se sentirían lo peor del universo e irían desganados a su trabajo de camioneros o kioskeros.

En el almuerzo, el Ciego se mostraba más charlatán que de costumbre y hablaba con la seguridad de alguien que sabía que tendría un papel determinante en nuestro sueño de campeonar. Víctor se ofreció a llevarnos a todos en su combi, para aparentar ser algo más profesionales y no llegar todos caminando o en bicicleta a la cancha. Algún gracioso puso el himno de la Champions League. El ambiente estaba demasiado tenso y no daba para reírse.

Después de una emotiva charla del DT, saltamos al césped y comenzó el partido. El juego, como se preveía, fue una porquería. Patadas voladoras, pases mal hechos, la pelota llorando en el aire y un par de peleas entre jugadores que fueron terminadas por el cuarto árbitro, el panadero Gorosteaga. En ese contexto de mediocridad, Polancos había estado más cerca.

Cuando ya iban 89 minutos, el partido seguía sin goles y parecía que podíamos jugar dos semanas seguidas sin que ningún héroe empujara la pelota a la red. Mientras atendían a nuestro arquero por una paralítica que le había hecho el delantero rival, el entrenador le dijo al cuarto árbitro: “Vayan preparando la bocha con el cascabel”. Acto seguido, llamó al Ciego. “Ciego, es la tuya. Vos quedate bien arriba que lo ganás, yo sé que lo ganas”. El Ciego no hacía un gol hacía más de 3 años. Entró motivadísimo a la cancha. Los 10 borrachos que había atrás del arco enloquecían con el ingreso del jugador del pueblo.

A los 95, Agraciada tenía la última jugada del partido, un córner que había sido festejado como un gol. El técnico, que no quería que nos vacunaran en el final, le gritó al Ciego: “Anda a cabecear”. Después yo no sé que pasó. No se si el Ciego se confundió por los gritos de la hinchada, si lo hizo sin querer o a propósito. Pero, cuando la pelota venía en el aire, la cabeceó con rabia y la metió en el ángulo. En nuestro ángulo. Todos nos quedamos helados, pero el Ciego salió desaforado gritando el gol, al igual que los rivales. Lo había ganado, pero no para nuestro equipo.
Apenas terminó el match, nos reunimos rápidamente y acordamos que no podíamos decirle lo que había pasado. El tipo se había arrancado los ojos por el descenso de su club, quién sabe qué podía hacer si se enteraba que nos había cagado el campeonato. Es por eso que, con lágrimas en los ojos, improvisamos una copa con una olla y una lámpara y se la dimos al Ciego. Después, lo llevamos en andas por la cancha, mientras el verdadero equipo ganador daba la vuelta olímpica atrás nuestro. La noticia corrió rápidamente por el pueblito y todos entendieron que debían ser parte de la farsa, por el bien del Ciego. Es por eso que todos lo felicitaban en la calle, tomó gratis en el bar y la Gitana le ofreció sus servicios con un 50 % de descuento. Yo me fui inundado en un mar de lágrimas a mi casa y no salí en todo el día, como todos mis compañeros. Hasta el día de hoy, el Ciego cree que fue el héroe. Nadie le dijo la verdad. Quizás es mejor así. Ojos que no ven, corazón que no siente.