Al subir la traicionera escalera de la Sivori alta, donde cada
escalón parece un enemigo, se encuentra un amplio mural que cubre todo el pasillo
que rodea la tribuna popular local del estadio de River. Al principio, la
imagen parece simplemente una visión creada por un agotado cerebro, que pide a
gritos una bocanada de oxígeno luego de la angustiosa escalinata.
Miles de rostros pintados gesticulan
desde la pared, denotando su eterna pasión por el club que aman. Los hinchas
que por allí pasan ojean la obra y siguen su camino para encontrar un buen
lugar en la grada. Pocos, o ninguno,
saben las disputas y los conflictos que esta creación ocasionó.
“El mural lo hice gratis y por
amor”, afirma Alejandro Cattanzaro, personaje de aspecto bohemio, pelo largo,
barba trasnochada y cigarro en mano. El bar está desierto. Nadie más es testigo
de las declaraciones del pintor, quien recuerda cada detalle de su trabajo en
la tribuna Sívori. Relata cómo impulsó su proyecto sin ayuda. Tuvo que golpear puertas
en el estadio hasta poder hablar con el por entonces presidente de la
institución José María Aguilar y obtener su aval. “Tardé ocho meses en
conseguir el permiso, a pesar de que iba a pintar gratis y conseguir los
materiales yo mismo”, continúa.
Entre pitada y pitada, explica que
la idea era “darle un regalo al hincha”. Esto mismo le dijo a Alan Schlenker,
en ese tiempo líder de la barra brava de River, quien visitó una tarde de
noviembre de 2004 la obra en construcción y dio el visto bueno. Conmovido por
el trabajo, el barra ordenó a la confitería del club que le mandara todos los
días sándwiches de milanesa, ya que no se le pagaban viáticos.
“Cattanzaro es un mitómano medio
siniestro”, asegura Diego De Luca, cuya firma figura, un poco escondida, en el mural.
“Era un auxiliar que despedí a los tres días porque no había pintado ni una
línea”, explica.
Aquí es cuando la historia sobre la
creación de la obra se torna nebulosa. De Luca prosigue: “No tocó un pincel; le
debo un cabezazo en la nariz cuando lo vea”. Dejando de lado las suspicacias,
un blog, creado en 2006, detalla con imágenes el proceso creativo, que muestra
a este pintor como el líder del proyecto.
Queda en evidencia que ambas
historias, ambiguas, se relacionan. Algo ocurrió entre los protagonistas pero
ninguno se atreve a contarlo.
Fernando Guarini, presidente del
fútbol infantil riverplatense de ese momento, es el único personaje que se
encuentra en las declaraciones de ambos muralistas. “Alejandro y Diego
comenzaron a pintar juntos, ellos propusieron la idea en el club pero pocos
días después de empezar se pelearon y Alejandro dejó la obra. Diego la terminó
con otras dos chicas”, recuerda. Esta versión aclara el porqué del odio que hay
entre ambos artistas, que omitieron la pelea en sus declaraciones.
Los ojos ciegos apuntan al pasillo.
Autos con banderas rojas y blancas irrumpen en la escena. El mural es tan largo
que parece deshacerse en el horizonte, como una ruta de colores. Después de
todo, la única certeza es que la obra existe y allí está, busca cautivar y
esconde una parte de la historia que solo los ciegos ojos observaron.
El color de la pasión
en cuatro bloques
El mural, que fue inaugurado el 6 de
abril de 2005 y abarca 116
metros de tribuna, está dividido en cuatro capítulos que
intentan plasmar la pasión del fanático riverplatense.
El primero es en honor al hincha en
general, tanto para aquel que va a la cancha como para quien ve los partidos en
casa con su familia. En la segunda escena aparecen representados los barrasbravas
en la popular. Esto se debe a sus pedidos de ser inmortalizados en la pintura.
Incluso, estas personas acercaron bocetos a los pintores. El tercer capítulo
refleja la multitudinaria caravana que se realizó por el centenario del club el
25 de mayo de 2001, en tanto que el episodio final muestra a los aficionados
caminando por el barrio de
Además, a pedido de familiares,
fueron incluidos en la obra algunos simpatizantes fallecidos, que de esta forma
quedaron estampados en las paredes del club que amaron.
El mural, que tardó más de cinco
meses en ver la luz, contó con la participación de todos los fanáticos que
quisieron ayudar, por lo que fue un trabajo de y para los hinchas.
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