viernes, 15 de agosto de 2014

El doble cinco de América

Emigrar desde Argentina o desde Europa hacia ligas que no son tradicionales, en las que el espectáculo interesa más que el fútbol, genera un pensamiento colectivo que indica que el jugador que se fue, lo hizo para ganar dinero sin importarle lo deportivo y qué a partir de la falta de competitividad comenzarán a desaparecer las cualidades técnicas que le permitían desempeñarse en la elite del fútbol tiempo atrás.

Esto no sucedió con Néstor Ortigoza y Juan Ignacio Mercier, ambos tuvieron pasado en el fútbol árabe y luego regresaron al país para jugar en San Lorenzo. En ellos no ocurrió lo que todos creen, no perdieron la técnica, ni la entrega, ni el sacrificio. Continúan corriendo a pesar de tener un buen presente económico y no demostraron problemas para readaptarse a la fricción y a los aspectos físicos que predominan en las competencias nacionales y latinoamericanas.

Ortigoza y Mercier. Mercier y Ortigoza. El Pichi y Orti, como los conoce la hinchada. Dos jugadores experimentados que entienden a qué juegan y lo implementan a la perfección. Se complementan como dos amigos que estuvieron toda la vida juntos en la cancha. Sin palabras, solo una mirada o un gesto de uno hacen saber al otro que acción realizar para que la pelota llegue a destino, o para recuperarla, en lo que son especialistas.

Un doble cinco que se conoce desde 2007 y ha encontrado su cumbre en esta Copa Libertadores. “Somos como un matrimonio” señaló el Pichi cuando ambos salieron campeones con Argentinos Juniors del Torneo Clausura 2010, luego repitieron en el Ciclón en el 2013, y ayer ganaron la anhelada Copa Libertadores de América. Un matrimonio sólido, sin rupturas, que sabe como salir en las malas y se adecua perfectamente al éxito.

Mercier corre, recupera, entrega a un compañero, se muestra como alternativa, vuelve a correr, tirarse al piso y recuperar. Parece omnipresente en el campo, no da signos de cansancio, y hasta hace goles, como el tercero en el 5 – 0 sobre Bolivar por la ida de la semifinal.

Ortigoza convierte la cancha de 11 en una de fútbol 5, pisa la pelota, amaga y la cambia de frente haciendolo parecer extremadamente fácil. Tiene la capacidad de patear un penal en una final como si estuviera en el living de su casa. Es más pensante y no se destaca por su juego defensivo, aunque ayuda y, muchas veces, es clave en los robos que realiza Mercier, debido a que ocupa un espacio determinado que no permite al rival dar un pase seguro, provocando que se equivoque.

Sus cualidades personales suelen intercambiarse a lo largo de un partido, es común ver a Orti tirarse a los pies de un contrario para sacarle la pelota, como también ver al Pichi inventar una pared con algún atacante para dejarlo de cara al gol. La facilidad con la que se complementan, es la misma con la que modifican sus roles, lo que ayuda al equipo a no desorganizarse en el medio campo, factor clave en cualquier encuentro.


Mercier y Ortigoza. Ortigoza y Mercier. El doble cinco de América. Los que volvieron de tierras árabes para ser campeones. El cerebro de San Lorenzo para la obtención de su primera Copa Libertadores. 
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