Emigrar desde Argentina o desde Europa hacia ligas que no son
tradicionales, en las que el espectáculo interesa más que el fútbol, genera un
pensamiento colectivo que indica que el jugador que se fue, lo hizo para ganar
dinero sin importarle lo deportivo y qué a partir de la falta de competitividad
comenzarán a desaparecer las cualidades técnicas que le permitían desempeñarse
en la elite del fútbol tiempo atrás.
Esto no sucedió con Néstor Ortigoza y Juan Ignacio Mercier, ambos
tuvieron pasado en el fútbol árabe y luego regresaron al país para jugar en San
Lorenzo. En ellos no ocurrió lo que todos creen, no perdieron la técnica, ni la
entrega, ni el sacrificio. Continúan corriendo a pesar de tener un buen
presente económico y no demostraron problemas para readaptarse a la fricción y
a los aspectos físicos que predominan en las competencias nacionales y
latinoamericanas.
Ortigoza y Mercier. Mercier y Ortigoza. El Pichi y Orti, como los
conoce la hinchada. Dos jugadores experimentados que entienden a qué juegan y
lo implementan a la perfección. Se complementan como dos amigos que estuvieron
toda la vida juntos en la cancha. Sin palabras, solo una mirada o un gesto de
uno hacen saber al otro que acción realizar para que la pelota llegue a
destino, o para recuperarla, en lo que son especialistas.
Un doble cinco que se conoce desde 2007 y ha encontrado su cumbre en
esta Copa Libertadores. “Somos como un matrimonio” señaló el Pichi cuando ambos salieron campeones
con Argentinos Juniors del Torneo Clausura 2010, luego repitieron en el Ciclón en el 2013, y ayer ganaron la
anhelada Copa Libertadores de América. Un matrimonio sólido, sin rupturas, que
sabe como salir en las malas y se adecua perfectamente al éxito.
Mercier corre, recupera, entrega a un compañero, se muestra como
alternativa, vuelve a correr, tirarse al piso y recuperar. Parece omnipresente
en el campo, no da signos de cansancio, y hasta hace goles, como el tercero en
el 5 – 0 sobre Bolivar por la ida de la semifinal.
Ortigoza convierte la cancha de 11 en una de fútbol 5, pisa la
pelota, amaga y la cambia de frente haciendolo parecer extremadamente fácil. Tiene
la capacidad de patear un penal en una final como si estuviera en el living de
su casa. Es más pensante y no se destaca por su juego defensivo, aunque ayuda
y, muchas veces, es clave en los robos que realiza Mercier, debido a que ocupa
un espacio determinado que no permite al rival dar un pase seguro, provocando
que se equivoque.
Sus cualidades personales suelen intercambiarse a lo largo de un
partido, es común ver a Orti tirarse
a los pies de un contrario para sacarle la pelota, como también ver al Pichi inventar una pared con algún
atacante para dejarlo de cara al gol. La facilidad con la que se complementan,
es la misma con la que modifican sus roles, lo que ayuda al equipo a no
desorganizarse en el medio campo, factor clave en cualquier encuentro.
Mercier y Ortigoza. Ortigoza y Mercier. El doble cinco de América.
Los que volvieron de tierras árabes para ser campeones. El cerebro de San
Lorenzo para la obtención de su primera Copa Libertadores.
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