Río de Janeiro, Brasil. Todo un paraíso. Playas extensas con arena blanca y un mar transparente. Calor los 365 días del año, bailes,diversión y agua de coco son las características principales de este punto turístico mundial que se vio invadido por la Copa del Mundo 2014.
Sesenta y cuatro años atrás se convirtió en el lugar más triste de todo Brasil, cuando el selectivo local perdió en la final con Uruguay y terminó segundo cuando 200.000 almas habían asistido al Estadio Maracaná para irse festejando pero ocurrió todo lo contrario y volvieron a casa llorando.
Ese estadio, el mítico Maracaná, que volverá a ser la sede de la final, albergó el encuentro de octavos de final entre Colombia y Uruguay.
Pudiendo estar más tranquilos y cómodos en su casas o en sus hoteles decidieron quedarse allí, a 500 metros de donde James Rodríguez la colgó de un ángulo para darle el primer gol de un 2 - 0 contundente que dejó a la selección Colombia en cuartos de final.
La Petrobras, que se perdía entre las ruas brasileñas que tienen más pendientes que el Cerro Chapelco, estalló de felicidad. Los 50 hinchas cantaban y se divertían por los logros obtenidos y hasta llegaban a decir que James es mejor que Messi y Neymar juntos.
Su felicidad me contagió y hasta llegue a ponerme contento por ellos, por su victoria, porque el pueblo estaba feliz. Alegría pura hasta que comenzaron a cantar: "América Latina menos Argentina" con un énfasis y un odio hacia mi país terrible.
Seguramente los colombianos volverán a juntarse en el estación de servicio por cábala,pero ojalá pierdan con Brasil, dejen de pensar que James es mejor que Messi y Neymar, y apoyen los pies sobre la tierra.
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